Demasiadas palabras

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Si hay gobierno

Como los perros de Pavlov. Ya saben, salivar al escuchar el sonido de una campana. Algo así sucedió al anunciarse el principio de acuerdo entre las dos formaciones de izquierda. La prensa amarilla y cañí, los empresarios más radicales, el IBEX y sus especuladores, incluso la jerarquía eclesiástica, tan parsimoniosa para determinados asuntos, advirtieron del apocalipsis: ¡Alerta! España en peligro. Tampoco faltaron los voceros de la derecha, «jarrones chinos» y otras joyas aconsejando lo que tiene que hacer la izquierda para que continúe gobernando la derecha.

Las dictaduras, como las religiones, tienen como principios vertebradores el miedo y la obediencia. La democracia: el bien común, la ley, la libertad y el respeto al discrepante. Sin embargo, siempre hay nostálgicos o demócratas de pacotilla que alzan sus voces alertando de terribles consecuencias cuando la realidad no se corresponde con sus deseos, cuando los resultados electorales no se interpretan como a ellos les gustaría. En realidad, todo este catastrofismo es artificial; de ser cierto el temor que vocifera la derecha española, la columna patriótica ya hubiera hecho algo para evitar el desastre que pregona.

La hecatombe anunciada solo es una treta para mantener en guardia a los incondicionales. En realidad, nada de lo plasmado en el preacuerdo de gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos debiera inquietar a la derecha política, mediática y financiera. Como la declaración de intenciones es bastante timorata, sospecho que la llegada al poder de esta coalición es lo que realmente ofusca. ¿Quién no está de acuerdo con la consolidación del crecimiento y la creación de empleo? ¿Acaso hay alguien que afirme en público no luchar contra la corrupción? Salvo los negacionistas, ¿no es necesario afrontar la emergencia climática? ¿Alguien contrario a fortalecer a las pequeñas y medianas empresas y autónomos? ¿Algún partido democrático se opone a la aprobación de derechos que profundicen el reconocimiento de la dignidad de las personas? ¿Tan peligroso es situar la cultura como derecho y combatir la precariedad en el sector? Salvo la excepción correspondiente, ¿citen a un partido que se exprese contrario a las políticas feministas, que no apueste por revertir la despoblación o que no defienda la justicia social y el equilibrio presupuestario en los términos que se expresan en el preacuerdo? ¿Alguien en su sano juicio no desea que se garantice la convivencia en Cataluña?

Todos y cada unos de estos puntos podrían ser asumidos por cualquier partido decente de la derecha española. Pero estamos en tiempos de trincheras, en eso del pensamiento único y en la confrontación de agravios más ficticios que reales. En todo caso, si tienen tiempo comparen este preacuerdo con el decálogo suscrito por PSOE y Ciudadanos en 2016 para comprobar cómo la campaña actual es sencillamente un absurdo de fanatizados. Y en todo caso, lo pertinente en todo acuerdo o preacuerdo es conocer cómo hacer realidad cada uno de sus puntos y sus medidas concretas para poder evaluar su cumplimiento.

Pero de cuajar el gobierno de coalición, ya nos podemos ir preparando para el zafarrancho mediático. Porque de constituirse, los periodistas y tertulianos más pintureros cotorrearan su pesar, agitaran sus lugares comunes y su palabrería con mayor frecuencia y exaltación que lo han hecho hasta el momento. Entonces, será necesario estar atentos ante los bulos y soflamas de tanto vocero petulante y engreído. La táctica es conocida: propagar falsedades con el propósito de que volvamos a nuestros quehaceres cotidianos asqueados de todo y todos. Si me permiten, un consejo: huyan de aquellos comunicadores que nunca dudan y de quienes carecen de la curiosidad necesaria para acercarse a la verdad; aléjense de ese periodismo basura de verdades a medias o mentiras completas, de esos provocadores que aparecen en determinadas tertulias sólo para sostener audiencia desde el triste espectáculo de la ofensa y el enfrentamiento.

De formarse gobierno, necesitaremos de políticos valientes y solventes, capaces de afrontar los retos con inteligencia y rigor. Políticos que más que leer o escuchar lo que dirán los medios cada día, opten por mirar a la cara de los ciudadanos y sostenerles la mirada con la tranquilidad de quienes hacen todo lo que pueden y tienen claras sus prioridades. Y, junto a ellos, precisamos de ciudadanos informados, críticos y escépticos ante toda propaganda incluida la gubernamental. Si se forma gobierno, necesitaremos de ciudadanos exigentes y políticos que cumplan, porque una vez solucionados sus desconfianzas e insomnios deben resolver nuestros problemas.


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