Demasiadas palabras

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Author Archives: JCRomero

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El hombre que amaba a los perros

Resulta complicado mantener la atención del lector cuando se conoce el desenlace y cuando, para los despistados, se recuerda en la primera página: «Londres, 22 de agosto, 1940 (TASS).- La radio londinense ha comunicado hoy: «En un hospital de la Ciudad de México, murió León Trotski de resultas de una fractura de cráneo producida en un atentado perpetrado el día anterior por una persona de su entorno más inmediato». Y sin embargo, Leonardo Padura lo consigue al escribir una historia que, además de recrear los hechos, denuncia la represión estalinista, narra episodios de la Guerra Civil española, aborda el desencanto en la Cuba contemporánea y advierte de cómo los ideales, en ocasiones, se convierten en un arma cargada de peligros. (más…)

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El voto de Miguel

«Como no me identifico con ningún partido y ninguno me merece confianza, como recelo de todos y no hay partido ni líder que me convenza totalmente, no acudiré a votar». Así piensa mi amigo Miguel. No le quitaré la razón. Tampoco pretenderé que cambie de criterio, pero sí me gustaría que se atreviera a pensar si es lo mismo votar que no votar y si es lo mismo votar a unos o a otros. (más…)

Las sábanas blancas de Almodóvar

Resulta inevitable. Conforme pasan los años, los recuerdos, sin necesidad de falsearlos, se esbozan preñados de fantasías y licencias. Somos lo que fuimos, lo que recordamos haber sido. Somos proyecciones de una identidad cambiante, la distancia entre la realidad y la recreación adulterada y enriquecida por el paso del tiempo, la experiencia y la memoria. Somos el ensamblaje entre lo que hemos vivido y lo que recordamos. No hay falsificación posible, solo recuerdos selectivos y observaciones subjetivas. Estamos hechos de ficción y realidad. (más…)

Se está acercando un día de abril

Cada vez que se acerca el 14 de abril pienso en lo que pudo ser y no fue, en lo que los golpistas no dejaron que fuera. Cada vez que se acerca el 14 de abril, incluso todos los días que no son 14 y los meses que no son abril, apuesto por derribar banderas que solo sirven para que los embaucadores de turno se envuelvan en ellas y hablen de un orgullo ofensivo o de un patriotismo tan excluyente como denigrante. En abril, julio o noviembre escribo que no me gustan las banderas si sirven para declarar guerras, tapar miserias, silenciar conciencias y ocultar los auténticos motivos de todas las contiendas: el poder y el dinero. (más…)

Harto

Aunque pueda llevarnos a una involución en derechos y libertades, es la campaña electoral más tediosa e insoportable, la que sigo con menos interés. Puede que este desinterés sea por saturación. Puede que sea por estar en campaña electoral de manera permanente o por tener la sensación de que candidatos y opinadores nos tratan como idiotas. O tal vez, por agotamiento. Desde el minuto uno de cada legislatura, ningún día sin la correspondiente dosis demagógica y electoralista, ningún día sin descalificaciones, mezquindad y mentiras, esas que ahora llaman fake news y que son las trolas, embustes, falacias y patrañas de toda la vida. Sí, estoy harto de los políticos, de sus disparates y de la verborrea partidaria de los tertulianos y voceros. (más…)

Suave caen las palabras

Toda lectura supone un aprendizaje y, en ocasiones, un esfuerzo por compleja o tediosa. Cuando leo un libro y no me termina de atrapar, busco otro que supla el escaso interés que provoca el primero. En este caso, leo dos novelas con títulos sugerentes. En uno de ellos es la madre quien cuenta la relación con su hijo. En el otro, es el hijo quien se encarga de acercarnos en forma de homenaje, la memoria de su padre. El primero es un ejercicio de investigación en ocasiones frio y, de alguna manera, obsesivo. El segundo, que responde al poético título de El olvido que seremos, resulta emocionante y, por momentos, conmovedor. (más…)

¡A las urnas!

Vivimos tiempos exaltados. En realidad este país siempre está más cerca de la pasión que de la reflexión. Aquí las controversias gustan de solucionarse con exabruptos, riñas y descalificaciones: entre nacionalistas periféricos y centralistas, entre palmeros y críticos. La descalificación personal y el desprecio por quienes piensan distinto es muy nuestro. Podemos ponernos magníficos, pero lo auténticamente español ha sido y es dejarnos llevar por las emociones y los fanatismos. (más…)