José Millán Muñoz

José Millán Muñoz
José Millán Muñoz

Durante las décadas veinte y treinta del siglo pasado, el doctor José Millán Muñoz, ejerció la medicina en Vejer junto a otros médicos como: Manuel Márquez Carracido, José L. Serrano Salagaray o José Antonio Romero Núñez. La hemeroteca digital no facilita datos de su biografía ni de su personalidad, pero encontramos en ella: traducciones de artículos científicos, escritos propios publicados en la revista El Sol de Merissen, que era el órgano de la Liga Hispano-Americana Pro-Homeopatía y que, editada entre 1828 y 1936, recogía artículos e información sobre homeopatía: historia, casos clínicos, notas terapéuticas o información sobre actividades y noticias de las asociaciones homeopáticas.

Hay noticias de su relevante participación en congresos homeopáticos de principios de siglo, que en 1933 fue nombrado vicepresidente del Congreso de la Liga Homeopática Internacional y de que publicó un libro titulado Diagnóstico y tratamiento del paludismo. Ejerció las funciones de director en el Dispensario sanitario de Vejer y probablemente tuvo una significativa influencia en la excursión científica a Vejer realizada por importantes responsables sanitarios y que fuera recogida en el periódico El Sol.  Poco más hemos encontrado de este médico culto y divulgador de la homeopatía, salvo de la relevancia intelectual de su hijo Antonio Millán-Puelles que fuera Premio Nacional de Literatura y Premio Nacional de Investigación Filosófica.

Se reproduce uno de sus muchos artículos publicados en el que hace un encendido elogio de la homeopatía y denuncia la «falta de honradez científica» de quienes son incapaces de reconocer sus avances:

Comentarios 

Por el DR. JOSÉ MILLÁN MUÑOZ, de Vejer de la Frontera (Cádiz)

Estos comentarios los inspira la lectura de un prospecto con que una acreditada casa de productos farmacéuticos —alópata desde luego —trata de introducir el Árnica, en una pomada para el tratamiento de los traumatismos.

Asombra —a pesar de lo acostumbrados que estamos— la falta de honradez científica con que proceden quienes se aprovechan de los trabajos de HAHNEMANN y sus discípulos, de aquel sobre todo, sin tener la sinceridad de confesar que han comprobado la verdad de sus asertos y por ello se lanzan decididamente en el camino trazado por el fundador de la Homeopatía.

Esto sería lo correcto, pero ellos prefieren silenciar este nombre y la procedencia de sus trabajos, pero aprovechándose de lo investigado y comprobado por otros, durante más de un siglo de labor ininterrumpida.

Y no se trata de un hecho aislado que pudiera suponer ignorancia por parte de su autor, no. Igual que con Árnica ocurre con Apis, moderno específico del reumatismo crónico, según sus «nuevos» introductores ; el Cactus grandiflorus se lanza también en remedios tonicardíacos como cosa nueva al lado del Adonis vernalis y Crategus oxicantha sin confesar ni por asombro el uso secular de estos remedios por parte de los homeópatas, mientras que se presenta el Carbo animalis en inyecciones endovenosas, como la última palabra de la ciencia para exaltar las defensas orgánicas en el tratamiento de las infecciones, cuando hace siglo y medio próximamente que HAHXE.MANM hizo un concienzudo estudio del mismo y de Carbo vegetalis, presentando a este último como el remedio de la agonía.

¿Y qué decir de la Drosera que utilizan hoy como específico casi de la coqueluche, cuando al igual que los anteriormente citados, figura en la Materia Médica de HAHNEMANN y ha sido objeto de profundos y detenidos estudios, no sólo por parte de éste, sino por la del Dr. Curie, padre del descubridor del radio y distinguido médico homeópata?

Esta conjuración del silencio con que se ha tratado de ahogar, siempre, las grandes verdades y a los grandes hombres, es de efecto contraproducente, porque la Verdad se abre paso y termina por salir a flote, acreditándose, cuando menos, de falsarios e ignorantes, los que trataron de ocultarla a los ojos de la humanidad. Así es de esperar que ocurra pronto con los que sistemáticamente callan lo trabajado por HAHNEMANN y sus discípulos y cuando comprueban la virtud de una substancia, ya estudiada por aquellos, se atreven a lanzarla como cosa nueva, fruto de sus observaciones.

Claro está que estas cosas prosperan algo por la incultura de la clase médica en general, que ignoran todo lo referente a la Homeopatía, sus hombres y sus productos. Si todos los médicos se decidieran a leer, siquiera por curiosidad y por tener cultura médica general, lo que es la Homeopatía y ensayaran debidamente algunos de sus medicamentos, no prosperarían estos falsos innovadores, en primer lugar, porque se les saldría al paso diciéndoles que esas substancias ya estaban estudiadas y conocidas, y en segundo y principal porque casi todos se harían discípulos de HAHNEMANN. Todo el que conozca su obra y la ponga en práctica, tiene que seguir sus huellas, no conociéndose todavía renegados entre sus discípulos, mientras que todos éstos lo son de la escuela oficial o alópata.

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