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El sepulcro de los Geriones

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Se reproduce un fragmento del capítulo III de La estrella de Vandalia, novela autobiográfica de Cecilia Böhl de Faber, conocida con el pseudónimo de Fernán Caballero.

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En tiempo de los Romanos tuvo Carmona Senado y senadores, que llamaban decuriones. Julio César la sublimó con el título de Municipio, favor concedido a pocos pueblos, y que tenía el privilegio de batir moneda. Las armas de Carmona -atiende, Raimundo, ya que Mauricio se está durmiendo- son una estrella con este letrero por divisa: «SICUT LUCIFER LUCET IN AURORA, SIC IN VANDALIA CARMONA.»

-¿Y eso qué quiere decir en nuestra lengua, Padre Buendía? -preguntó el hortelano.

El Padre contestó:

-«Así como brilla la estrella de la mañana en la aurora, así brilla Carmona en Andalucía», El Santo Rey, su conquistador del poder mahometano, le añadió una orla para rodear la estrella, en que alternan castillos y leones.

-¡Vaya! -repuso el hortelano.- Aquellos romanos lo entendían y eran gente de gusto.

-Así, Nicolás, – prosiguió el Padre,- no te trastornes las mientes con la reina de Hungría. El Santo Rey fue el que conquistó a Carmona del poder de los moros. Al otro lado del pueblo, a la derecha viniendo de Sevilla, tenía sus reales en el campo del Real, como se denomina aún hoy día, ahí donde está la capilla que el mismo Santo mandó labrar en honra de la VIRGEN SANTA, que tanto le favorecía. Quédate con Dios, Nicolás.

-Vaya su mercé con Dios, Padre Buendía, -contestó el hortelano.- La conquistaría el mismo rey, no me opongo; pero estoy para mí que el rey moro le dio el nombre. ¡Si el mismo nombre lo está diciendo!

¡Qué zoquete! -exclamó Raimundo cuando se hubieron alejado.- Las tradiciones son disparates.

Te engañas Raimundo, -contestó el Padre.- Lo que nos ha referido Nicolás es un chascarrillo que inventó la chuscada, y que la buena fe prohijó; pero, por lo regular, son verdades y datos perdidos, que no recogidos en las bibliotecas, se han refugiado en la memoria del pueblo, en que se han archivado; y así nunca deben desecharse sin maduro examen, y esto te lo probará un hecho que voy a referirte. -En un viaje que hice a Sevilla vi a un joven, hijo de un amigo mío, hacendado de Vejer. Éste me contó que, habiendo ido a hacer una excursión al Cabo de Trafalgar para ver una magnífica cueva de estalactitas que se halla allí, fue a embarcarse a dos leguas de Vejer, en los límites de la dehesa de Zahara, sitio que llaman los Caños de Meca. La marea estaba baja, y así pudo observar a flor de agua dos, al parecer, peñas de igual tamaño; pero al considerarlas atentamente, reconoció, a pesar del verdín marisco que las cubría, ser estas moles formadas de piedras, y ser obra de manos de hombres. Preguntoles a los marineros, así como a unos cabreros que se hallaban allí, lo que podrían ser aquellas extrañas construcciones, y todos unánimes le contestaron sencillamente que eran los sepulcros de los Geriones. Consta que estos reyes o jefes de las tribus que apacentaban en aquellas fértiles comarcas sus ganados, murieron defendiendo su territorio cuando allí desembarcaron los fenicios, y que fueron enterrados a orillas del mar. Éste ha ido evidentemente ganando terreno, y ha cubierto lo que antes fue orilla, y de boca en boca los moradores de aquellas comarcas han conservado su nombre a aquellos sepulcros desconocidos a la historia. Mariana dice: «Los tres Geriones fueron vencidos por Hércules. Diose sepultura a los cuerpos en la misma isla de Cádiz, donde se hizo el campo.» Ya veis, hijos, cómo la tradicción conservó en sus anales verbales el secreto que ocultó la mar a las investigaciones de los historiadores.

Sobre los Geriones alguna información y curiosidades encontradas:
Geriones; La sangre del Drago; Hércules vence al rey Gerión; Hércules y Geriones

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