Juan Conde

Vejer: un pueblo de muchas ganaderías y pocos toreros.

ABC reproduce el cartel de dos corridas de toros celebradas en El Puerto de Santa María los días 23 y 24 de agosto de 1782. Veinte toros para dos toreros, el legendario Pedro Romero y Juan Conde de Bexer, que así escribieron por aquellas fechas el nombre de Vejer. Pero, ¿quién era Juan Conde?, se preguntan en el artículo. Según la edición de ABC mencionada, el nombre «sencillo y eufónico» de Juan Conde corresponde a:

Un torero modestisimo, del que apenas si hay referencias. Sábese que nació en Vejer y que empezó a torear por las plazas del Sur, y que cayó pronto en el olvido. Un auténtico luchador que la vida arrinconó prestamente.     Conoció lo duro , pero no lo brillante de la fiesta: fué un nombre más que se hundió bien pronto en la sima del pasado.

Debió en sus últimos años intentar la aventura de gloria y dinero en la que fracasara su juventud; y así le vemos reaparecer en la plaza de Cädiz nada menos que treinta y cinco años después de aquellas corridas de 1782, en el Puerto. «Viejo ya, casi decrépito  —se escribió entonces—, a de volver a las lides para subsistir.» Hasta un poeta cantó en octavas reales aquella senil hazaña de Juan Conde, donde compañeros y público demostraron  tanta afectuosidad que

«Hasta el toro extrañara en su rudeza,
en fiesta tan cruel tanta terneza…»

No se pretende rectificar a quien escribiera en ABC cuando minusvalora la relevancia taurina del vejeriego. Simplemente recordar que quien toreara con frecuencia en las dos grandes plazas que fueron y son Sevilla y Madrid; quien compartiera cartel de manera reiterada con figuras legendarias como Pedro Romero o Pepe-Hillo y quien fuera el primero en ejecutar la suerte del toro corrido, tal vez mereciera mayor reconocimiento. En todo caso la reproducción del cartel es un magnífico ejemplo para constatar la evolución del cartel publicitario desde aquellas fechas a las actuales.

Para poner en valor la aportación de Juan Conde a la tauromaquia, se deja enlace a las Escenas Andaluzas, recopiladas por Serafín Estébanez Calderón, en las que se puede leer:

Francisco Romero, el de Ronda, inventó la muleta, presentándose a matar el toro frente a frente y con el estoque en la mano. Su hijo Juan Romero, y los hijos de éste, Francisco, Benito y, sobre todo, Pedro Romero, hicieron llegar el arte hasta el punto de donde no es posible pasar. Costillares inventó la suerte de volapié. Juan Conde introdujo, y nadie lo ha igualado, la del toro corrido. Cándido, dejando el calzón y justillo de ante como traje poco galán y de poca bizarría, introdujo el vestido de seda y el boato de los caireles y argentería. El licenciado de Falces, con mil juguetes y suertes que ejecutaba, fue el primero que puso las banderillas de dos en dos, ejecutando la linda suerte de clavarlas al cuarteo. Delgado (alias Hillo), con su desgraciada y lastimosa muerte, hizo más dolorosos los recuerdos de sus gracias y donaires con la capa y el toro.

En La tauromaquia de Pepe Hillo se puede leer:

Vino Josef Cándido para abrir la puerta á la firmeza y seguridad de las suertes: y han perfeccionado sus máximas los famosos Joaquín Rodríguez (a) Costillares, Pedro Romero y Juan Conde, (en que ya también he dado mis pinceladas) y descubierto otras no menos sublimes y finas

Juan Conde desarrolló su actividad taurina en el periodo én que Goya nos legó su Tauromaquia dejándonos no sólo la tensión dramática de las corridas de toros sino esbozos de cómo vestían los toreros y cómo se lidiaba en la época. Está documentado que inauguró la primera plaza de Málaga junto a los diestros José Delgado “Pepe-Illo”, Francisco Garcés y Jerónimo José Cándido. Igualmente aparece como banderillero en un cartel de 1773. Cuentan que se despidió de los toros a los 63 años de edad y que fue el primer torero del que hay testimonio que salió a hombros de una plaza de toros, precisamente en el día de su despedida en el coso gaditano conocido como Plaza Nacional de la Caleta de Santa Catalina.

Para finalizar, se reproduce el soneto a favor de Juan Conde escrito por Aniceto Taroser en el Diario de Madrid (1790) como respuesta a una carta de un «apasionado» del torero vejeriego. Los versos pertenecen a la serie de Sonetos a favor de Pedro Romero, Joaquín Rodríguez Costillares, Joseph Delgado (más conocido como Pepe Illo o Pepe Hillo que de ambas forma aparece en libro y carteles).

Leer todos los sonetos y algo más en Diario de Madrid
Leer todos los sonetos y algo más en Diario de Madrid

http://wp.me/P38xYa-1F

Anuncios