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De la existencia y destrucción de Patría

Una historia para Patría

En ocasiones nos llegan por ciertos, sucesos y aventuras más propias de la imaginación que de la certidumbre, relatos que intuimos engrandecidos más por la fabulación que por los registros fidedignos fundamentados en las fuentes históricas, epopeyas que se difundieron oralmente hasta que alguien las recogió en letra impresa. Lo escrito suele tener tal poder de sugestión que cualquier texto escrito parece investido de mayor autoridad que el transmitido de manera oral. Patría, la existencia de la villa de Patría —ubicada en el término de Vejer de la Frontera— y de su novelesca destrucción, es probablemente uno de estos casos en los que la realidad ha sido superada y magnificada por la fabulación.

Se reproduce el fragmento, publicado en 1858 en el libro Cádiz y su provincia. En la obra de Adolfo de Castro se describe muy bien la leyenda de Patría, se cuestiona las fechas e invita a pensar que nos encontramos ante un suceso intrascendente realzado de manera interesada para gloria y vanidad, por ejemplo, de los señores de Jerez.

Muchos acontecimientos de armas hubo durante el siglo XV en nuestra provincia como frontera de moros; pero de escasísima importancia en su mayor parte.

Refieren los historiadores de Jerez que los caballeros de esta ciudad determinaron ganar por sorpresa la villa de Patría, situada, como testifican hoy algunos restos, entre Vejer y Conil. Segun tradiciones en estos era un aduar de moros, defendido por una fortísima torre en un cerro eminente. Los moros sus habitantes, hacían entradas con gran frecuencia en tierras de cristianos para campear: todos montaban caballos blancos y se cubrían con marlotas de grana. Los de Jerez sabiendo por sus espías que habían salido de la villa los moros, se disfrazaron como ellos, y cabalgando de la misma manera se pusieron á vista de Patría á la hora de anochecer, llevando delante de sí maniatados algunos hombres como que eran cautivos. Los que habían quedado con la custodia de la villa no abrigaban el recelo de una prevención advertida; descuidados en el ocio, no conocieron el engaño, y aun dentro de Patría los enemigos, no se atrevieron á dar crédito á lo que miraban. Dueños de la villa los cristianos, pusiéronse en espera de los demás caballeros moros que volvian regocijados con su presa, y les salieron resueltamente al encuentro, siendo para los moros su presencia primero novedad y despues asombro. Así en ellos se malogró la reciente victoria y se convirtieron en luto las alegrías. Pelearon unos y otros con valor como hombres animosos criados en guerras y combates; mas al fin tuvieron que ceder, quedando de los moros unos sin vidas, y otros con cadenas para la vida del sufrimiento. Rindiéronse en los cristianos las fuerzas á la fatiga; pero no los ánimos á la piedad y á la compasión. Las mujeres, los niños y los ancianos pretendieron luchar con los vencedores, valiéndose de las armas del llanto y del ruego; mas todo inutilmente, pues los cristianos determinaron ejecutar la resolución formada en Jerez. Para la piedad tenian sin fuerzas el albedrio, así respondieron á las lágrimas y á las quejas, primero con ceño y despues con ira. La villa fue destruida por medio del incendio.

Los historiadores cuentan que este suceso acaeció poco antes de 1407: otros que en 1447, mas yo creo que debió ocurrir en tiempos muy anteriores, pues no parece verosímil que, conquistados desde el siglo XIII todos lo lugares comarcanos, permaneciese aun en el siglo XV una villa de moros no sometidos á la corona de Castilla, en medio de poblaciones de cristianos á quienes esta vecindad ofendia continuamente.

De la villa de Patría hemos encontrados otras referencias en la librería digitalizada. Es el caso de libros escritos José Bisso (1886), o Joaquín Portillo (1839) o «Aben-Zulema y Geloyra. Romance morisco», de Adolfo de Castro.

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