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El honor perdido de Katharina Blum

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Con frecuencia nos vence el pesimismo; sospechamos que la democracia se queda en el tocomocho del sistema o que las redes sociales reflejan una decepcionante exposición de intereses, bulos, rumores sin fundamentos y falsedades. Leemos la prensa y, por momentos, pensamos que vivimos en el periodo de mayor manipulación y tergiversación de la realidad, olvidando los tiempos en los que la libertad era una utopía y reclamarla una condena.

Leo El honor perdido de Katharina Blum, novela que narra los hechos desde atestados policiales, recortes de prensa o testimonios del abogado, fiscal y otros personajes. Es un relato concebido para demostrar cómo la prensa sensacionalista es capaz de destrozar la vida de una persona y cómo, al amparo de la libertad de prensa, hay quienes convierten la información en piltrafa.

La novela se puede leer como una historia de amor, que lo es, o como el relato hagiográfico de una Katharina Blum que, repleta de virtudes y ejemplaridad moral, mata de un disparo a un periodista sin que el asesinato le provoque ningún desasosiego: «Estuvo deambulando por la ciudad en busca de un arrepentimiento que no encontró». Pero sobre todo, se trata de un alegato contra esos medios de comunicación que compiten por ver cuál de ellos publica el escándalo más espectacular para así llegar a un sector numeroso y maleable de la opinión pública.

Einrich Böll publica en 1972 un artículo en Der Spiegel denunciando los métodos periodísticos1del Bild-Zeitung en el proceso Baader-Meinhof. La poderosa Springer y, en particular, el Bild emprendieron una campaña contra el escritor que terminaría siendo acusado de ser sospechoso de colaborar con el terrorismo. En el año 1974, Böll responde publicando El honor perdido de Katharina Blum. Las intenciones del autor quedan muy claras en el epígrafe preventivo que abre el libro: «Las personas que se citan y los hechos que se relatan son fruto de la fantasía del autor. Si ciertos procedimientos periodísticos recuerdan los del Bild-Zeitung, el paralelismo no es intencionado ni casual, sino inevitable».

Estamos ante una historia de amor y ante una denuncia contra una determinada manera de ejercer el periodismo, pero también es la crítica al conformismo de una sociedad incapaz de leer más allá de las letras impresas que le ofrece un periodismo sin escrúpulos. Sí, es una historia de amor; de un amor repentino, del que se cuenta poco y ponen en duda periodistas, policías y vecinos. Es una historia de un amor, pero el adobe de la historia es el amarillismo de cierta prensa, los vínculos entre medios de comunicación y poderes del Estado.

En la narración, el PERIÓDICO —así con mayúsculas, como aparece escrito en la novela— es el de mayor tirada del país, como el Bild, y representa a ese sector de prensa sensacionalista que a fuerza de difundir falsedades, como el Bild, consigue inculcar en sus lectores ideas equivocadas sobre los hechos y proyectar una imagen intencionadamente distorsionada de lo acontecido. El PERIÓDICO, lejos de limitarse a narrar los hechos, realiza todo tipo de especulaciones infundadas sobre los mismos, sobre la vida íntima de Katharina: su familia, modo de ganarse la vida, amigos, etc. Al leer, resultaba imposible evitar el paralelismo con cierta prensa española. El esquema es el mismo; eligen un suceso, una declaración o una supuesta afirmación para trasladar una realidad paralela porque es lo que vende, lo que interesa política o empresarialmente.

El magistrado de la Corte Suprema de Estados Unidos Felix Frankfurter responde, a un niño que le escribió pidiéndole consejos para ser un buen abogado, en los siguientes términos:

«Nadie puede ser un abogado verdaderamente competente, a menos que sea un hombre culto. Si yo fuera tú, me olvidaría de toda preparación técnica de la ley. La mejor manera de prepararse para la carrera de leyes es siendo una persona culta. Solamente así puede adquirirse la capacidad de usar el idioma en la escritura y en el discurso oral, con los hábitos de un pensamiento claro que sólo una educación liberal puede brindar.

No es de menor relevancia para un abogado es cultivar su imaginación mediante la lectura de poesía, viendo grandes obras de arte, en su versión original o en reproducciones disponibles, y escuchando buena música.

Llena tu mente con los frutos de las buenas lecturas; amplía y profundiza tus sentimientos experimentando tanto como sea posible los maravillosos misterios del universo, y despreocúpate de tu futura carrera».

Siguiendo el Consejo de Felix Frankfurter, estaría bien que novelas como El honor perdido de Katharina Blum fueran de lectura recomendada en las escuelas de periodismo, en las academias de policías y en las facultades de Derecho.

1.- Los métodos periodísticos del Bild son tratados en la entrevista al periodista alemán a Günter Wallraff publicada en JOT DOWN.

Matt Anderson, Peter Lee, Will Harris y Jay Davis

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