Demasiadas palabras

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Futuro incierto

Habrá que aceptarlo: cada vez que se conoce el resultado de unas elecciones democráticas se produce una decepción más. Algo no funciona cuando tipos como Trump consiguen ser presidentes electos. Con todo, el triunfo del magnate no supone una novedad. Hace unos años, en Italia, millones de ciudadanos votaban entusiasmados a Berlusconi, ahora la Liga Norte continúa recibiendo un enorme voto popular. En Francia, el Frente Nacional recibe el respaldo de millones de ciudadanos; en Alemania, Austria, Holanda o el Reino Unido aumenta el voto para la extrema derecha. Y aquí, millones de españoles votan a un partido investigado por innumerables casos de corrupción que además recorta derechos y amordaza libertades.

Supone un error aceptar que el electorado se equivoca sin analizar los motivos. Algo está sucediendo cuando se vota opciones políticas que apuestan por el crecimiento de la desigualdad y de la xenofobia. Algo está fallando cuando la democracia sirve para que todos los candidatos, con mayor o menor impudicia recurran a la carnaza demagógica y sensacionalista, sabiendo que eso moviliza a los electores. La democracia representativa está en crisis cuando se apuesta por el candidato más histriónico, cuando se revaloriza la mentira y se acepta que el fin justifica los medios. Algo estamos haciendo mal cuando cerramos las puertas a los refugiados o la tragedia diaria del Mediterráneo se perpetúa ante la inacción de los gobiernos y la indiferencia de la ciudadanía.

No nos queda ni el consuelo de pensar que la democracia se perfeccionará en el futuro cuando los controladores del sistema educativo tienden a quitar valor a las humanidades y cuando se favorece el desarrollo de los aspectos prácticos de la vida, para mejorar la empleabilidad, como se puede leer en el preámbulo de la LOMCE. ¿Qué podemos esperar cuando la necesaria capacitación profesional, se programa a costa de arrinconar la formación de ciudadanos capaces de desarrollar un pensamiento crítico, libre y autónomo; de ciudadanos capaces de reflexionar e indagar sobre la realidad que vive? Si sólo se prepara para la subsistencia, se pierde el concepto de ciudadanía y el sentido de la vida. Cabría dudar entonces, si se planifica de esta manera porque así resulta más fácil que tipos como Trump sean elegidos presidentes.

La democracia, más que electores, necesita ciudadanos en el sentido más clásico y democrático del término: no hay democracia sin ciudadanos. A este paso, por los intereses de unos y la desgana de la mayoría, la democracia deriva hacia una simple forma de repartir el poder desde el engaño.

Ahora, cuando se rinde merecido homenaje a Leonard Cohen vendría bien recordar los versos cantados en Everybody knows que, más o menos, dice algo así: Todo el mundo sabe que los dados están trucados […]. Todo el mundo sabe que la guerra ha terminado, que los buenos perdieron, que la pelea estaba amañada. Todo el mundo sabe que los pobres se quedan pobres y los ricos seguirán robando. Eso es lo que pasa. Todo el mundo lo sabe.

Es lunes, escucho a Jesper Lundgaard Trio:

Algunos post interesantes: Lo retrógrada está de moda La tierra y la era Trump Asimov y la democracia El presidente atrapa coños Días de apocalípsis Primero tomaremos Manhattan Sistema La democracia en peligro

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4 comentarios

  1. marujamoyano dice:

    No nos educan solo en las escuelas, también en el día a día de la gente adulta. Nos empujan como corderos acorralados hacía una única puerta abierta y nos hacen creer que sobrevivir en nuestro único destino, sea cual sea el precio.

    • JCRomero dice:

      La familia, los medios de comunicación influyen en la educación de las personas. Pero en la escuela se debiera preparar para la vida e inculcar que, como bien dice, sobrevivir no es nuestro único destino. Y sin embargo cuando se programa la abolición de las humanidades se apuesta por el hombre robot que come, trabaja (si le dan trabajo) y calla.

  2. Verbarte dice:

    En España cabe preguntarse por qué no hay siglas de extrema derecha en el parlamento y el senado, cabe preguntarse por qué partidos como Vox o Falange son residuales, cabe preguntarse dónde están los votos de la extrema derecha… Y cabe analizar las políticas migratorias del PP, cabe recordar el espíritu de la Ley Mordaza, cabe señalar el vaciado de la Ley de Memoria Histórica junto a la ardiente defensa del franquismo por parte del PP…

    En España cabe pensar que la extrema derecha lleva más de cuatro años en el gobierno, ahíta de legislar y derogar siguiendo su ideología ultraconservadora. Cabe pensar que es España un país en el que la ciudadanía vota extrema derecha como cosa natural.

    Salud

    • JCRomero dice:

      Tienes razón. El ascenso de las formaciones de extrema derecha en Europa no ha tenido su representación en España. Los votantes próximos a posiciones ultras y xenófobas continúan votando al Partido Popular. La derecha, que siempre es más práctica que la izquierda, no necesita de partidos como Vox o la Falange para defender sus idearios ya tienen al PP. Particularmente no situaría al PP en la extrema derecha aunque algunas de sus actuaciones si pudieran calificarse en esos territorios políticos. Las actuaciones en las fronteras de Ceuta y Melilla o la utilización de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como policía política dedicada a inventar “pruebas” contra los enemigos del PP y otras actuaciones, son sólo dos ejemplos del carácter ultra de quienes nos gobiernan.

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