Demasiadas palabras

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Madrid como pretexto

En una democracia formal, constituida por ciudadanos demócratas, no debiéramos caer en el pesimismo por determinados resultados electorales. Eso tiene solución para cuando se convoquen nuevas elecciones. El pesimismo electoral tiene fundamento cuando votamos con las vísceras, cuando no aceptamos la probabilidad democrática de ganar o perder. Como ya se habrán publicado todos los análisis, me detengo en tres elementos de cualquier convocatoria electoral: prensa, partidos políticos y electorado.

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De votante a revolucionario

Ya fueran municipales, autonómicas, generales o europeas, he votado en cada convocatoria electoral. En unas ocasiones con entusiasmo, en otras con bastante escepticismo, como si se tratara de una incómoda obligación democrática. Ahora, cansado de escuchar la misma cantinela de siempre sobre los políticos y de los políticos, opto por desconectar. Que si sólo miran por sus intereses, que ya no hay dirigentes con la talla política como los de antes —¿quiénes son los de antes?—; que si este supone un peligro, que ese otro es un ególatra o aquel un impresentable. En fin, como cantaba Serrat: «Harto ya de estar harto, ya me cansé». (más…)

Desahogo equidistante

Tras el desacuerdo, el cuerpo me pide un desahogo y un tiempo de desconexión. Aunque me haya refugiado en el escepticismo, lo ocurrido con la investidura fallida me produce cierta tristeza. ¿Qué fue del interés general, de aquellas apelaciones a la defensa de valores compartidos o del viejo y siempre actual latiguillo de «programa, programa, programa»? El entendimiento se presagiaba complicado, cuando desde el principio, ambos partidos se mostraban más como enemigos escupiéndose recelos y desconfianzas que como contrarios empeñados en tejer alianzas. (más…)

Pactar o elecciones

Seguir la actualidad política es constatar la escasez de sustancia en sus líderes y un panorama cargado de perplejidades, desplantes y demasiada soberbia. Se sabe que todo periodo de negociación poselectoral está minado de trampas, exigencias y retos; también de necesidades sociales que quedan arrinconadas. A poco que se sigan las noticias, sin necesidad de consultar el periodismo sesgado y mentiroso, se percibe como gana espacio la  descalificación, la pulla dialéctica y la estridencia para conseguir un efímero trending topic o para ese titular espectacular que nadie recordará pasados unos días. (más…)

Harto

Aunque pueda llevarnos a una involución en derechos y libertades, es la campaña electoral más tediosa e insoportable, la que sigo con menos interés. Puede que este desinterés sea por saturación. Puede que sea por estar en campaña electoral de manera permanente o por tener la sensación de que candidatos y opinadores nos tratan como idiotas. O tal vez, por agotamiento. Desde el minuto uno de cada legislatura, ningún día sin la correspondiente dosis demagógica y electoralista, ningún día sin descalificaciones, mezquindad y mentiras, esas que ahora llaman fake news y que son las trolas, embustes, falacias y patrañas de toda la vida. Sí, estoy harto de los políticos, de sus disparates y de la verborrea partidaria de los tertulianos y voceros. (más…)

¡A las urnas!

Vivimos tiempos exaltados. En realidad este país siempre está más cerca de la pasión que de la reflexión. Aquí las controversias gustan de solucionarse con exabruptos, riñas y descalificaciones: entre nacionalistas periféricos y centralistas, entre palmeros y críticos. La descalificación personal y el desprecio por quienes piensan distinto es muy nuestro. Podemos ponernos magníficos, pero lo auténticamente español ha sido y es dejarnos llevar por las emociones y los fanatismos. (más…)