Demasiadas palabras

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Amor fou

L ́Amour fou es el título de un libro de André Breton que no he leído y el de un poema de Luis Alberto Cuenca —«Los reyes se enamoran de sus hijas más jóvenes»— que versa sobre el enamoramiento y la violencia. También es el título de esta novela de Marta Sanz en la que trata del amor, la obsesión y el compromiso social; de la incomodidad de sentirse vigilados y de la desazón por ese franquismo encubierto que no terminamos de relegar a los manuales de historia.

Como la literatura es una representación de la realidad, en toda novela hay un relato verídico o ficticio que se desarrolla en un contexto real o imaginario. La narración delimita ese contexto, perfila a los personajes y a la comunidad en la que actúan. Corresponde al lector desbrozar el contexto y la complejidad de los personajes; ensamblar cada una de las piezas del rompecabezas. De esta manera, la lectura adquiere mayor significado. Como la libertad analítica de quien lee es enorme y como las circunstancias personales y sociales condicionan toda lectura, al leer Amor fou, en estos días de confinamiento, he apreciado la actualidad y vigencia de una novela escrita en 2004.

En el prólogo, Isaac Rosa afirma que en Amor Fou, su autora reitera los temas «comunes a la mayor parte de sus escritos: la familia como institución conflictiva, el resentimiento (incluido el de clase), la culpa, la doble moral, la felicidad sospechosa, el cuerpo y su declive, el sexo como forma también de explotación y alienación, la maternidad, la violencia en sus formas menos evidentes». En Amor fou, además, Marta Sanz escribe del amor y del desamor, de la edad y de sus cicatrices. Sobre los límites del poder y los métodos policiales de «vaginas escarbadas y bolsa de plástico en la cabeza». De la sociedad actual, de la precariedad laboral, del movimiento okupa y de «esa forma de censura que nos lleva a hablar bajito de ciertos temas dentro de los bares y a retirar la correspondencia del buzón rápidamente». También sobre esa condena de quienes viven, como en un escaparate, expuestos a las miradas y murmuraciones de los vecinos.

Amor fou arranca con los dos narradores en el salón de la casa de la protagonista y con la entrega de un cuaderno, que «huele a naftalina y alcanfor», en el que Raymond ha escrito el diario de sus obsesiones. Los textos de ese dietario se alternan con las puntualizaciones y pensamientos de Lala, que es la otra gran protagonista y antigua pareja de Raymond. A partir de esa entrega y su lectura, dos monólogos. Por un lado, al cuaderno de Raymond donde escruta a diario la felicidad de la mujer que amó y de quien, de alguna manera, sigue enamorado. Por el otro, la memoria y los recuerdos de Lala, la mujer amada, odiada y vigilada. Raymond, atenazado por la nostalgia, sabe que ese espionaje le conduce a la degeneración, pero no detiene su intromisión en la felicidad conyugal de quien fuera su pareja. Son dos relatos contrapuestos sobre una experiencia compartida. Dos miradas donde conviven el amor y la felicidad, pero también el rencor, la bajeza moral y las contradicciones. Es el amor loco, el amor fou; una forma de amar exaltada e irreflexiva que pasa del amor más apasionado a la canallada más escandalosa.

La autora se sirve del amor y la intolerancia, de la irracionalidad o la paranoia para incidir en uno de los aspectos más lamentables de nuestra sociedad: la normalización de la vigilancia. Marta Sanz pone el foco en la invasión ilegitimada en nuestra privacidad por parte de vecinos convertidos en policías que acusan y construyen un relato fuera de contexto basado en intuiciones, inexactitudes o falsedades, pero que interiorizan como verdades absolutas. Y así, la protagonista expresa la repugnancia que le provocan «las reuniones de vecinos y los santos tribunales de la inquisición» donde se propone el cierre de bares, la prohibición de fumar, de pasear con los hijos a partir una hora, el regreso de los serenos o la depuración de la mendicidad.

Al finalizar la novela se intuye un reproche y un deseo: una amonestación por, conociendo que existen otras, solo «mirar las fotos bonitas» y el anhelo, agazapado entre líneas, de abandonar posturas serviles y complacientes.

Amor fou en otros blogs: Preferiría no hacerlo dime lo leído Los libros de una bruja Enredadas en el barrio Leer es vivir dos veces Víctor Claudín


2 comentarios

  1. Manuel Sanz Lázaro dice:

    Una reseña muy buena. Gracias por enlazar. Es el segundo libro que leo de Marta Sanz, estuve cuando lo presento en la librería «La buena vida». Un libro para este tiempo y el que nos espera.

    • JCRomero dice:

      He leído algunos de sus artículos, pero es esta es la primera novela que leo de Marta Sanz. Me ha gustado bastante por su forma de escribir, por esos personajes tan contradictorios y por los temas que plantea o sugiere. Y, como bien dices, un relato que parece escrito para estos tiempos.

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