Demasiadas palabras

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Mejor callar

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Todo acontecimiento de gran impacto preocupa, sacude emocionalmente y empuja a adoptar algún tipo de actitud más o menos visible. Cada cierto tiempo un accidente, un atentado o un crimen conmociona y agita la tranquilidad social. Cuando esto sucede, suelen aparecer voces clamando revancha o agitando el primitivo ajuste de cuentas y políticos que, al olfatear un posible semillero de votos, se lanzan a por ellos.

En una sociedad madura su legislación debe sustentarse en argumentos racionales, rechazando cualquier intento de contaminar la ley con lo emocional de cada momento o articularla al rebufo de esos contenidos publicados que circulan como consignas tendenciosas. Aún suponiendo que toda la prensa actuara como servicio público, no fomentara la alarma social, ni desvirtuara la realidad, no parece aconsejable legislar al ritmo que marque la actualidad publicada. Una democracia rigurosa y exigente debiera legislar sobre cualquier asunto cuando así lo demanden análisis sociológicos, estudios jurídicos e informes de los expertos en cada materia. Ante determinados acontecimientos, muchos políticos y medios abrazan el popularismo barato y excitan las impulsos más primarios; el legislador, antes de sumarse al clamor justiciero, haría bien en comprender que hay momentos en los que administrar el silencio es una necesidad.

Ante casos que nos conmocionan, lo instintivo es reaccionar elevando la voz para vociferar improperios y barbaridades. Precisamente por ello, legislador y ciudadano, después de mostrar la solidaridad con las víctimas, deberían prolongar el ritual minuto de silencio. Antes que regresar al pasado o actualizar la vieja ley del talión sería conveniente someterse a un tiempo de silencio y reflexión.

Lo sucedido esta semana en el Congreso de los Diputados produce rubor democrático. Cuando aún seguimos sobrecogidos por el trágico final de Gabriel, nuestros legisladores han mezclado un asesinato horrible con el controvertido asunto de la prisión permanente revisable, que no deja de ser una denominación eufemística de la cadena perpetua y han utilizado las víctimas como moneda de cambio. Dicen que el debate estaba previsto con anterioridad, pero ¿tan encorsetado está el Congreso para no poder modificar su propio calendario? El espectáculo de jugar con los sentimientos de las víctimas ha sido deplorable, con expresiones disparatadas y chantajes emocionales inadmisibles.

Los asuntos importantes que afectan a la sociedad de forma sustancial no pueden ser cambiados por un hecho concreto, por muy terrible que éste sea. El Código Penal no puede estar sometido a los bandazos partidistas, a los intereses electoralistas, ni a los titulares de prensa. Por mucho que nos conmueva a todos, es un error convertir en política una tragedia estrictamente particular. ¿De verdad alguien cree que estas atrocidades no sucederían al endurecer las penas?

Los encargados de calentar los ánimos, los susurradores de agravios, los escritores de frases y argumentos demoledores, los vengativos y los sectarios… podrían tomarse un tiempo de descanso. Pero ¿qué perspectivas se nos ofrecen cuando todos estos tipos se encuentran entre quienes tienen que hacer o modificar las leyes? ¿Qué esperar cuando los llamados representantes del pueblo optan por éstas actitudes y olvidan que están para construir un país más digno?

Hay circunstancias que aconsejan una pausa, una administración idónea de los silencios; medir bien las palabras y dejar reposar la indignación para que se hundan el rencor y los deseos de venganza. Es cierto que el silencio se hace insoportable en muchos casos, pero cuando no se es capaz de hacer un uso inteligente de la palabra, es mejor callar. Cuántas veces descubrimos que en vez de palabra, de esa palabra dicha irreflexivamente, hubiera sido preferible el silencio, pensar antes de hablar. Por ello, cuando la palabra no mejore el silencio, calla.

Escucho a Ayo Vincent, Matheus Prado y Matt Griffiths :

Algunos post interesantes: Prisión permanente revisable como síntoma Periodismo carroñero La venganza no construye sociedad Je suis Demócrata

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2 comentarios

  1. Imposible expresar mejor este asunto. Salud de parte de un cuasi-paisano

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