Demasiadas palabras

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Politizar la democracia

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Con independencia de las razones y decisiones personales de cada ciudadano, la llamada «mayoría silenciosa» y el «no te metas en política», ha servido para que los profesionales de la política transiten plácidamente durante demasiado tiempo. Sin embargo, si queremos sostener un régimen democrático, no podemos convertirnos en  cómplices de quienes ambicionan despolitizar la democracia pretendiendo con ello dejar al ciudadano al margen, con un papel subordinado y a los dirigentes cómodamente instalados en sus posiciones de privilegio esperando que los asuntos se resuelvan por sí mismos o esperando que actúen otros.

Entre nosotros la democracia es un bien escaso y que precisa cuidados para su conservación ante los riesgos que la amenazan. Uno de los principales, aunque parezca una paradoja, consiste en la concepción que de ella tienen muchos políticos y su pretensión de despolitizar la democracia. Así, por impericia, dejadez o cálculo electoral, hay quienes han renunciado a la política para dejar en manos de la justicia la resolución de conflictos como el planteado por el independentismo catalán.

Al conocerse el ingreso en prisión preventiva de parte del Govern son muchas las voces que se alzan criticando la acción de la justicia. Aunque se tengan motivos y haya quien sostenga que el auto de prisión esté poco justificado, las exigencias y responsabilidades hay que pedirlas al Gobierno por rechazar la búsqueda de soluciones, alentar el enfrentamiento y judicializar un asunto político. También al Govern, por embarcar a la población independentistas en un proyecto más romántico que realista y por, aparentemente, no haber calculado las consecuencias de su «procés». En cualquier caso, produce cierta desazón democrática el que unos representantes electos, aunque previamente cesados, sean encarcelados y que el resto se refugie en Bélgica.

Es verdad que las leyes son interpretables y que la actuación de la fiscalía, con un fiscal General reprobado por el Congreso de los Diputados, parece demasiado sesgada. También es cierto que sólo se hace justicia cuando la ley se aplica de manera razonable. Por otra parte, resulta evidente que las decisiones judiciales deben estar sometidas a la crítica pública, pero erramos si todos los focos los ponemos las actuaciones de los jueces.

Como carezco de conocimientos jurídicos y de la osadía suficiente para determinar si los delitos de rebelión y sedición son aplicables al caso, si la Audiencia Nacional es competente o deja de serlo, presto atención a lo que escriben o dicen juristas y constitucionalistas que merecen mi confianza. Sí tengo, en cambio, la capacidad necesaria para observar lo obvio; hoy sabemos de la celeridad selectiva de la justicia española o de su lentitud premeditada.

Volviendo al principio. Escribía recientemente Daniel Innerarity que «los conflictos se vuelven irresolubles cuando caen en manos de quienes los definen de manera tosca y simplificada y cuando los problemas políticos se reducen a cuestiones de legalidad u orden público». Sólo una actuación política, democrática y predispuesta a dar salida al conflicto planteado, hubiera evitado la situación en la que nos encontramos. Por ello, frente al intento de despolitizar la democracia, hay que exigir a los políticos más decisión para buscar espacios de encuentro y que no se parapeten en la justicia o en los cuerpos de seguridad para tapar su indolencia y mediocridad. Como la democracia se construye desde el debate y diálogo, considero que quienes piensan que esta situación se resuelve con cárcel  y sentencias judiciales, están equivocados. O se apuesta por una solución política, acordada entre las partes, o entraremos en un insoportable bucle de reproches, fanatismos y victimismos exagerados.

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5 comentarios

  1. grojol dice:

    Tienes razón. La democracia que tenemos es un bien escaso. Yo añadiría que esta democracia nuestra está siendo “utilizada” desde hace mucho tiempo. “Utilizada” por unos y por otros para señalarse como los únicos, los auténticos, poseedores de sus virtudes. Pero “utilizada” también en el sentido de usada como medio para aparentar lo que no se es. Porque no se es demócrata por utilizar la palabra democracia, comparándose con otros a ver quién la tiene más larga. Se es demócrata porque se practica la democracia y se favorece su practica, en todos los ámbitos de la sociedad. ¿Dónde está la democracia en las escuelas? ¿Dónde está la democracia en las comunidades de vecinos? ¿Dónde está la democracia en la vida cotidiana de los ciudadanos? Lamentablemente no está donde debería estar desde hace mucho tiempo.

    • JCRomero dice:

      Comparto tus palabras. La democracia para ser democrática tiene que ir un paso más allá de permitir opinar, votar y acompasar sus pasos al a los intereses, por ejemplo, de los partidos. La democracia somos nosotros; si no actuamos democráticamente todo queda en simple apariencia.

      Un placer leerte por aquí otra vez. Gracias.

  2. marujamoyano dice:

    Yo, personalmente, pienso que este conflicto era necesario. Durante años se ha intentado el diálogo con un gobierno incapaz de afrontar un problema que se hacía más grande con cada desprecio de ese diálogo necesario, que han sido muchos.
    Romper la baraja era la única opción. Ahora no tienen más remedio que afrontarlo, además en las peores condiciones, puesto que se ha convertido en un asunto a nivel internacional, cosa que me parece muy bien.
    Ser independentista es tan legítimo como no serlo, y querer salir de una España con nivel cero en cuanto a sentido de la democracia, como se ha visto desde hace muchos años, es casi una necesidad.
    Hay que tener en cuenta que tenemos este gobierno franquista hasta la médula, porque lo ha elegido mayoritariamente un pueblo que se identifica con él, no es por casualidad. Y un PSOE que tiene de socialista lo que yo de monja, sin capacidad de respuesta por sus propias contradicciones internas.
    España no tiene remedio. Si yo fuera catalana, sinceramente, sería también independentista.

    • JCRomero dice:

      Pues yo no sería independentista en ningún caso. Creo que continúo anclado en aquellos preceptos ideológicos que antepone la solidaridad de clase a las afinidades, lealtades o aspiraciones patrióticas. Estoy más bien por superar el concepto de nación, derribar las fronteras y considerar a las personas como tales, indiferentemente de su nacionalidad, raza o credo de cualquier tipo.
      Dicho esto, soy partidario de que los electores catalanes puedan votar, con todas las garantías democráticas exigibles, sobre el tipo de relación que desean tener con el Estado español. Que el Gobierno español haya estado buscando la situación actual, solo avala la necesidad de cambiarlo.
      Saludos y gracias por leer y comentar.

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