Opinión

Donaciones

Nos mienten tanto que hemos aceptado la mentira como un mal menor. Tan admitida está que la Secretaria de Estado de Comunicación escribe desde el Congreso de los Diputados: «Peor que mentir es aburrir». Con este panorama, no puede extrañar que muchos piensen que  el director de La Razón hace periodismo, que Bisbal o Bustamante tienen talento musical, que el rescate bancario no nos costó nada, que Rajoy diga que «el PP no es un partido corrupto» o que Amancio Ortega pase de misántropo a filántropo según se tercie.

La donación millonaria de Amancio Ortega a la sanidad pública, suficientemente publicitada, loada y vituperada está en boca de todos. Unos alaban la generosidad del empresario o su enorme labor social al crear miles de puestos de trabajo, otros ponen el acento en determinados aspectos de sus negocios como el desprecio por los derechos laborales, la evasión de impuestos o las condiciones de esclavismo en determinados centros de producción que trabajan para Inditex. De entre todas las reacciones, la más interesante es la de determinados colectivos que se han destacado en la defensa de la sanidad pública cuando, desde el poder político y sus aledaños, se apostaba por los recortes o la privatización. Malos tiempos cuando se asume que el fin justifica los medios o cuando se demoniza a los defensores de lo público y a quienes consideramos que determinados servicios no pueden depender de donaciones privadas. En todo caso, la polémica suscitada pone de manifiesto la insuficiente financiación de la sanidad pública y la incapacidad de sus actuales gobernantes. Por otra parte, la polémica puede servir para abrir el debate sobre qué  sanidad pública queremos y si ésta pasa a ser un tema prioritario y suficientemente presupuestado.

Al conocer la noticia de cualquier donación importante, se produce una primera reacción, casi instintiva, de agradecimiento. Pero cuando alguien hace donativos millonarios, deberíamos preguntarnos por cómo ha logrado su riqueza, si atesoró su fortuna de manera justa o si pagó los impuestos correspondientes. Sería interesante también, conocer si la donación se hace de manera interesada o se trata de un simple gesto de altruismo para minimizar las deficiencias de los servicios públicos. Slavoj Zizek, advirtió que determinadas acciones corresponden al interés del  capitalismo por parecer más humano, con el intento de maquillar aquello que el propio sistema ha provocado. En todo caso, ¿el Estado debe aceptar un donativo si sospecha que el dinero donado tiene un origen ilícito? Si una administración pública aceptara donativos de narcotraficantes, extorsionadores o mafiosos, ¿no estaría avalando estas actividades?
Cuestiones éticas aparte, la donación demuestra que nuestra sanidad pública está en manos de unos gobernantes ineptos y que acciones paliativas como ésta pueden ayudar a salvar muchas vidas. Entonces, dónde ponemos el foco; ¿en los donantes o sobre los responsables políticos?
Escucho a Bill Cunliffe, Bob Sheppard, Bill Reichenbach, Larry Koonse, Jonathan Richards y Joe LaBarbera, entre otros
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Un comentario sobre “Donaciones

  1. 300 millones es una raquítica inversión en publicidad que, sin embargo, le ha proporcionado a Ortega espectaculares beneficios para sus marcas, al mismo tiempo que ha lavado su conciencia y obtenido un solar privilegiado en el reino de los cielos.

    Balzac describió la piedra angular del capitalismo: “Detrás de cada gran fortuna hay un delito”.

    Y digo yo que quien consigue amasar una gran fortuna en un año debería haber sido encarcelado doce meses antes.

    Salud

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