Opinión

Holanda como pretexto

No entiendo el alivio que dicen llega desde Holanda cuando la extrema derecha sigue ganando terreno y la izquierda continúa perdiendo electores. Lo sucedido el 15 de marzo supone el avance de la derecha en su conjunto y el retroceso de las opciones situadas en el centro izquierda; Partido Obrero, Partido Socialista y la Izquierda Verde no  superan los 40 escaños. ¿Dónde está el alivio? En todo caso y aunque se sepa que la memez se globaliza en las redes sociales, resulta desagradable observar cómo, desde perfiles probablemente de izquierdas, se jalea el descalabro de los socialdemócratas holandeses. En la Europa actual, incluida España, ¿sería posible un gobierno de izquierda sin contar con la socialdemocracia?.

Dicen que Wilders ha sido derrotado. Con los datos en las manos y partiendo de unas encuestas que continúan fallando, pueden tener razón. Sin embargo, es necesario tener presente que para esa supuesta derrota ha sido necesaria una gran participación y que el Gobierno holandés manejara en clave electoral la crisis diplomática con Turquía. En todo caso, todo indica que vivimos en una Europa cada día más egoísta y menos solidaria; una UE que cierra fronteras y firma un acuerdo con Turquía para reescribir el derecho internacional de los refugiados, ignorar los derechos humanos y los tratados internacionales.

La crisis económica está sirviendo, aquí como en el resto de la UE, para domesticar a los trabajadores, dar alas a la extrema derecha y certificar la división irreconciliable de la izquierda. Los recortes sociales y el aumento de la desigualdad, por paradójico que parezca, está sirviendo para la insignificancia de la izquierda entre sus propios votantes. La llegada de migrantes y refugiados es utilizada por la extrema derecha para lanzar mensajes xenófobos y capitalizar el descontento social. Con los años de austeridad, los electores de la clase trabajadora parecen decantarse por formaciones de derecha y de extrema derecha mientras que la izquierda se muestra inoperante, feliz en su insignificancia progresiva y dispuesta a destrozarse en cuitas internas.

Visto el panorama, no queda otra solución que reclamar de la sociedad que vuelva a dar un paso adelante, siendo exigente con aquellos a quienes ha concedido su confianza a través del voto, abandonando su pasividad y manifestando su presencia y compromiso más allá de las fiestas, el fútbol y de esa política de salón, nueva o vieja, que se dice de izquierda.

Es lunes, escucho a Glenn Zaleski Trio:

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