Demasiadas palabras

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Golpes bajos

¿Recuerdan el panorama desolador que nos ofrecía el bipartidismo? Su inevitable y desalentadora alternancia causaba rechazo y promovía desafectos. Todo parecía predispuesto para que el coro sustituyera a aquellos rancios y soporíferos duetos y, pese a la ley electoral, los resultados fueron consecuentes con el hartazgo.  Tanto en diciembre como en junio la mayoría absoluta fue rechazada; pero desde ese mismo instante se manifestó un simplismo ramplón: negociar es ceder, pactar es sinónimo de derrota y la abstención una renuncia. La política, que por un momento pareció tomar nuevos impulsos, recuperó viejos esquemas y, condicionada por intereses mezquinos, pareció inducir nuevamente a los tiempos del bipartidismo, la mayoría absoluta, el desencanto y la indiferencia.

En realidad, la democracia bien entendida debiera rechazar la mayoría absoluta tal y como la hemos conocido. ¿Qué democracia soporta el espectáculo de un Congreso vociferante y despectivo que montaba una trifulca ante cualquier intento de controlar al poder ejecutivo, ante cualquier insinuación crítica? ¿Es signo de una sociedad democrática que todos los medios de comunicación editorialicen en la misma dirección?

De las elecciones de diciembre y junio, se deduce que el electorado ha dejado en manos de los políticos la posibilidad del entendimiento. Si un número suficiente hubiera apostado por una opción cualquiera, ya estaría perfilando su gobierno; pero de los resultados electorales se deduce la necesidad de pactar. Por mucho que insista el coro mediático, el electorado no desea que gobierne el partido que más votos y escaños ha conseguido, lo que ha expresado es que ninguna opción política tenga suficiente representación como para imponer sus tesis.

De las urnas salió una pluralidad de voces que, lejos de suponer confusión, debiera suponer una oportunidad para diferenciar y matizar opciones; para distinguir el trazo grueso de la pincelada sutil. Una ocasión propicia para que la actividad parlamentaria fuera más reflexiva, para que la política pusiera a los ciudadanos por encima de otros intereses.

Dejé de votar al PSOE, aunque estoy deseando tener motivos para volver a votar a la opción que tantas veces apoyé. No la voté ni en diciembre ni en junio pero, aunque solo sea por la vieja pertenencia o por el recuerdo del voto, me gustaría que el PSOE actuara de manera responsable y sin estar sometido a las presiones de unos y otros. En todo caso me pregunto si hoy por hoy es posible un gobierno de izquierda. Me gustaría responder que sí, pero sería tan estúpido como hacerse trampas en el solitario. La derecha, al contrario que la izquierda, cuando no se presenta en bloque se alía, se complementa. ¿Es posible un gobierno de izquierdas? Por mucho que se repita, no hay escaños suficientes salvo que consideremos de izquierda a nacionalistas vascos y a los independentistas catalanes. Los números no dan y si dieran, tampoco. Me temo que la opción que he votado y la que dejé de votar, escenificarán una auténtica batalla por la supremacía en la izquierda con la sonrisa congelada y continuos golpes bajos. Y mientras la izquierda se destroza, la derecha ni se inmuta.

Es martes, escucho a Charles Lloyd & Jason Moran:

 


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2 comentarios

  1. Rodri dice:

    Tal y como está el patio en la izquierda, complicado será que se puedan poner de acuerdo en algo y mucho menos ganar unas elecciones mientras siga habiendo ese batiburrillo de partidos. Yo tb siempre he pensado que las mayorías absolutas no son buenas. Ahora hay un escenario ideal para hacer política de estado y para beneficiar a todos. También añoro un PSOE fuerte y España ahora más que nunca le necesita pero sólo si está unido y con un mensaje nítido y se aleja de radicalismos y nacionalismos. Buen artículo

    • Juano dice:

      Sí, el de la izquierda es un patio de vecinos mal avenidos y, efectivamente, de opción real de gobierno en la próxima convocatoria,todo parece indicar que no. La derecha ha ganado porque tiene un partido muy consolidado, aunque nos preguntemos el cómo es posible con su deriva autoritaria y corrupta, lo cierto es que el electorado de derecha tiene claro a quién debe votar. En la izquierda esto no sucede, el PSOE fue el gran partido pero hoy, principalmente por sus errores, desaciertos y corruptelas, es observado como poco útil y esta situación no cambiará mientras sigan empeñados en librar duras batallas internas, no por posiciones ideológicas o programáticas sino de afinidades y desafectos personales. No puede quejarse de la situación actual un partido que ha contado con el voto fiel y entusiasta de un electorado paciente y, finalmente decepcionado. Quizá los actuales dirigentes sean los menos responsables de esta mala percepción, pero tienen que llevar esa mochila por algún tiempo. Podemos o Unidos Podemos parece que se ha consolidado pero, aún esta lejos de ser observado y votado como una opción real de gobierno. En consecuencia, la izquierda o cambia mucho o nos queda mucho tiempo de derecha.

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