Opinión

Ni puta idea

Una frase tiene importancia por lo que dice, también por quien la dice. «La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive», sentenció José Saramago. Esta frase dicha por un mindundi no merecería mayor atención, pero en boca de alguien valorado intelectualmente y de reconocida adscripción izquierdista, merecería una reacción contundente desde la izquierda. No fue así. El bueno de Saramago lamentó que su provocación fuera respondida con un espeso y «gélido silencio».

París, Mayo del 68. Una revuelta estudiantil sin grandes expectativas, pero cargada de romanticismo y empuje que llamó la atención de todos. Se trataba de un ataque contra el sistema, contra el poder y contra unos partidos de izquierda que formaban parte del propio sistema. La universidad se desperezó de su modorra académica, las aulas se trasladaron a las calles; por unos días temblaron los cimientos del todopoderoso Estado francés. Sólo unos pocos intelectuales apelaron a la unidad de estudiantes y trabajadores. Pasada la efervescencia del momento se comprobó que bajo los adoquines no había playa y, ya se sabe; cuando el sistema gana, el ciudadano pierde. Pese a todo, a partir de aquella fecha, nada fue igual.

Madrid, 15-M. Entre el sopor y la rutina, emergió un sentimiento de indignación para imponerse a la resignación. Las plazas y calles se llenaron de ciudadanos contra la crisis, contra las soluciones propuestas para salir de la misma, contra la corrupción y otros despropósitos. A medida que se extendía, la movilización contagiaba aliento y entusiasmo. La prensa más obsesiva y la derecha política, que no entendían nada, veían a Rubalcaba detrás de cada pancarta y concentración, la más paternalista observaba el movimiento con cierto desdén y el pastor de almas descarriadas, sin sonrojo ni pudor alguno, aprovechaba para ofrecerse como referente ético. Sólo algunas personalidades observaron el panorama con lucidez: Sampedro, Eduard Punset, Galeano o El Roto. La política de salón y moqueta dejó paso al esbozo de una democracia directa. La #spanishrevolution dejó patente la obsolescencia de la izquierda y la necesidad de asaltar la sala de máquinas donde se urde el secuestro de la democracia. Aunque después del 15-M haya que continuar reivindicando que otra política y otro mundo son posibles, parecería que ya nada es como era.

De las elecciones de junio lo que menos me interesa es eso del sorpasso. Palabreja esta que, en el ámbito de la izquierda, bien pudiera significar algo así como quítate tú para ponerme yo. Si la alternancia se produce, será interesante comprobar si la política deja de escribirse con letras minúsculas, si la nueva política deja de programarse bajo el control y en la sala de mando del partido de turno o si se produce una autentica revolución ética y democrática. Si en definitiva, estamos ante un cambio ideológico profundo o volvemos con otros ropajes a la normalidad que impone ese poder que siempre clasifica, ordena, reprime, vigila, controla y decide lo que es correcto en cada momento. Lo que me interesa de estas elecciones, además de desalojar al gobierno actual, sería constatar si las palabras de Saramago tienen por fin alguna respuesta lúcida, si la izquierda comienza a tener una percepción clara del mundo en que vive y si es capaz de dar respuesta a la necesaria y urgente transformación de la realidad.

Resulta complicado que el gobierno cambie de manos sin que este país cambie profundamente. El día 27 de junio, ¿podremos mirarnos a la cara sin sentirnos abochornados? Ni puta idea.

Es lunes, escucho a Andreas Loven:

Algunos post interesantes: Ciudadanía: la buena información No leer sin banda sonora En lugar del otro El zippo ¿Eliminar la financiación pública de los partidos políticos? En contra

 

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8 comentarios sobre “Ni puta idea

  1. Ni puta idea, es la frase más acertada para esto. Claro que si. Sin embargo, no se puede esperar una modificación en el pensamiento de una sociedad, que es lo que en verdad necesitamos, de la “clase política”. Ellos son reflejos del pensamiento general, y pocas veces sucede que se erige un líder de tal magnitud que no solo capte la intención de los ciudadanos “de a pie”, sino que también ofrezca un “salto en el pensamiento”. Por lo general quienes abren el camino en esto (al pensamiento de una sociedad, un nuevo paradigma), no son políticos, sino intelectuales, artistas, científicos e incluso, humanos entregados realmente a un camino espiritual. Los políticos, pocas veces tienen tal lucidez, están embriagados en sus propias fantasías personales de poder y grandeza, que a su vez retroalimentan en un desorden total del sistema de valores. En fin, con esto quiero ir al punto, el cambio está en la cultura y el pensamiento.
    Después verás a políticos como Bernie Sanders en EEUU, que son de pequeño alcance electoral, pero con un magnetismo muy fuerte, ya que representa un corte brutal con la historia política de ese país (y eso es lo que un grupo de gente necesita allí -y claro está el resto del mundo ;).

    Espero que la izquierda despierte de su letargo… es una necesidad de todos!
    Saludos!

    1. Efectivamente, somos nosotros quienes debemos cambiar. No hay novedad política sin un previo cambio cultural y social que obligue a los políticos a seguirlo. La movilización cultural es la única opción para la transformación de esta realidad.

  2. Desde que se inventó el centro como esta tierra de nadie donde las etiquetas huelgan y los desmanes se disfrazan, ya todo es centro, desde la extrema derecha del PP hasta pseudo izquierda liberal del PsoE. Ahí han entrado en tropel los nuevos inventos que no son de derechas ni de izquierdas y ahí se libra la batalla más extremista que se ha librado electoralmente desde la transición/transacción de las élites y del poder desde una dictadura hasta una monarquía.

    En el panorama actual, es ciclópea tarea identificar la izquierda, entre otras cosas, debido a la disonancia de las voces que la reclaman. Es el eterno dilema, el irresoluble problema y el sagrado anatema, resumido a la perfección por Saramago: la izquierda no tiene ni puta idea.

    Pero, dada la complejidad de identificar una postura política que satisfaga a una población tan superficial, ombliguista y conformista como la hispana, debiera bastar con identificar la postura ideológica que la maltrata y actúan en contra de sus intereses y esperanzas. Y aquí, la sociología debiera tirar del psicoanálisis para explicar cómo es posible que el verdugo sea la opción más votada por la población condenada. Debieran bastar los cuatro años vividos bajo la bota del PP para identificar a quien propinó y propina las patadas que han dolorido enteros los cuerpos y los espíritus, pero no: ahí siguen con su mayoría minoritaria viendo con placer cómo las izquierdas (tremendo error infinita e históricamente practicado) se descuartizan mutuamente y esperando a que los usurpadores de la izquierda se echen en sus brazos argumentando que otra izquierda les ha empujado a ello.

    Basta ver hacia donde dirigen sus baterías la armada neoliberal del PP y C’s y la tropa liberal del PsoE, otrora (hace más de sesenta años) nítido referente de izquierdas, para intuir por dónde debe estar la izquierda. Otra faena, y no liviana, es encontrarla.

    Ya se sabe: en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Y por ahí andamos, sin bastón y con más lazarillos, pícaros y embaucadores, de la cuenta.

    Salud

    1. Te olvidas de la ansiada centralidad del tablero que buscaba otro partido, que decía aquello de ni de derecha ni de izquierda. Efectivamente el PSOE, con sus luces y sombras, sucumbió a los encantos del poder y bien que lo está y seguirá pagando.

      El diván debe estar preparado para el día 27. No sabemos lo que sucederá pero todos intuimos los resultados y, efectivamente, necesitaremos del psicoanálisis. Particularmente no espero un cambio radical ni en el sentido del voto ni, llegado el caso, en la forma de gestionar. Es la sociedad la que debe ir por delante en todos los cambios, la que demande y exija al gobierno de turno. Por ello antes de cambiar el ejercicio del poder, debemos cambiar nosotros. El cambio ya no pasa por confiar en que lo realicen los partidos o un partido. La evolución está en nosotros. Es cierto que hoy la lucha de clases resulta una antigualla, pero la búsqueda de una mayor igualdad, de la justicia social son, junto a otras, necesidades de ayer, hoy y mañana.

      Gracias por comentar, entro con alguna frecuencia en tu blog por si lo actualizas. Continuaré entrando. Saludos.o

  3. Saramago tenía razón. ¿Qué coño es la izquierda? Ni las “primaveras” fábrica, solo forma parte de la logística, las diseña EEUU. Es obligatorio evolucionar, renovar las etiquetas. La derecha lo hace, evoluciona tanto que desconcierta y nunca pierde el norte, solo las forma, pero le importa un carajo.

    1. La derecha hace lo que dices. No tiene problemas en malversar la gestión del poder; cuenta con un sistema mediático enorme que siempre sale a su rescate y con un electorado poco exigente y tan fiel como ese seguidor de fútbol que no le importa cómo lo haga su equipo, sólo le interesa ganar de cualquier forma.

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