Demasiadas palabras

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Escolar, Cebrián y nosotros

Saturado de estrategia política, procuro eludir consignas y retuiteos orquestados como una sinfonía monocorde. Mientras, contemplo entretenido la agitación en Twitter por el despido de un periodista. Parece que no aprendemos y que continuamos con esa vieja costumbre de encumbrar, derribar, aupar a los cielos y, de vez en cuando, caer del guindo.

No deja de sorprender la mala memoria. Encuentro comentarios cargados de razones y de ataques para afear el despido del Ignacio Escolar de la SER. La mayoría son exposiciones sin memoria escritos por indignados que desde hace tiempo se las tienen tiesas con el grupo PRISA y con Juan Luis Cebrián, su consejero delegado.

La falta de memoria y de realismo conduce a la inopia. ¿El medio es público o privado? Si fuera público me sumaría a la indignación. La libertad de expresión, que debería ser una garantía en los medios públicos, es una quimera imposible en unos medios de privados que tienen una estrategia empresarial determinada, una línea editorial establecida y unos límites impuestos por la propiedad. No seamos ingenuos; todos los medios de comunicación privados responden a intereses ideológicos, estratégicos o económicos. La libertad de información en el periodismo es como la democracia interna en algunos partidos políticos. Afiliados y periodistas están sometidos a la cadena de mando.

Tenía razón Pablo Iglesias al afirmar que buena parte de los redactores que hacen información sobre un partido «están obligados profesionalmente […] porque así son las reglas del juego». Insinuaba que tenían que publicar lo que interesaba a los medios para los que trabajan. En otras cuestiones podría discrepar del líder de Podemos, pero este aspecto referido a los medios de comunicación es de Perogrullo. No seamos ingenuos: en la prensa prima el negocio sobre la libertad de expresión.

Alguien dijo que ser periodista consistía en publicar lo que no quieren que se publique: ¡Perfecto!, el problema radica cuando quien publica no es el periodista que firma la información o la opinión sino una empresa. con intereses y objetivos muy concretos. Entonces, el periodista tiene que edulcorar o exagerar determinadas noticias, darle el sesgo convenido para seguir conservando el puesto de trabajo. Es cierto que los ciudadanos tenemos derecho a una información veraz, pero también lo es que los magnates de la prensa intervienen en este negocio para ganar dinero o para conducirnos por el sendero que a ellos les interesa.

En el caso Escolar, ¿de verdad que nos preocupa el desprecio a la libertad de expresión del directivo académico? Quienes ahora expresan tanta indignación en nombre de la libertad de información, ¿responderían con el mismo ímpetu si por ejemplo Vocento destituyera por razones “empresariales” a un tipo como Salvador Sostres? ¿Es Ignacio Escolar el primer periodista defenestrado de un medio? Algunos han recordado lo que le sucedió a Rafael Reig con el ahora despedido, otros lo que escribiera el propio Escolar cuando lo contrató la SER, tras dejar de contar con Carlos Carnicero, por denunciar los despidos de PRISA.

Aunque nos estén procesando para otra cosa, pensemos. El sistema funciona como aquellos emperadores romanos que dictaban sentencia colocando el pulgar hacia arriba o hacia abajo. La libertad de información, ¡bajemos del limbo!, acaba donde empieza el dedo de los cebrianes de turno.

Es lunes, escucho a Nick Finzer y Chris Ziemba:

Algunos post interesantes: Con la prensa hemos topado ¿Por qué combatimos la música negra? El jazz en el franquismo: paradojas y contradicciones Ciudadanía: piensa en tu público Iglesias, Cebrián y los periodistas  Hay trabajo para periodistas en otros planetas ¿Cuáles son los derechos de los refugiados en el mundo? Lo que España necesita

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3 comentarios

  1. marujamoyano dice:

    Desgraciadamente, todo se convierte en negocio y los medios de comunicación, poder fáctico por antonomasia en esta era, se ponen a los pies del capital y de sus intereses sociales, políticos, económicos. Lo que haga falta, oiga.

  2. […] Origen: Escolar, Cebrián y nosotros […]

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