Ciudadanía·Opinión

La espantá

Ante unas elecciones todos los candidatos se proclaman demócratas pero, cabría preguntarse si lo son, si sus partidos funcionan como organizaciones democráticas, si tienen disposición para dialogar, debatir y escuchar. Sin confundir democracia con asambleísmo, la democracia debiera ser un espacio para el contraste de opiniones y el acuerdo o la discrepancia razonada y expuesta ante la ciudadanía. Los debates entre candidatos debieran ser una exigencia democrática.  

La espantá del presidente del Gobierno al negarse a debatir con los candidatos, que según todos los sondeos tendrán mejores resultados, aduciendo que solo debatirá con el líder de la oposición es la treta del escapista, recuerda determinado pasaje escrito por Marguerite Yourcenar, en Memorias de Adriano, aunque a Rajoy le falta la inteligencia y humildad del protagonista de la novela: “Somos funcionarios, no césares. Razón tenía aquella querellante a quien me negué cierto día a escuchar hasta el fin cuando me gritó que si no tenía tiempo para escucharla tampoco lo tenía para reinar“.

Los electores tenemos el derecho a contrastar opciones y, con más motivos cuando todos los sondeos otorgan mucha relevancia a los indecisos y cuando se afirma que después de las elecciones será necesario el diálogo entre distintos aspirantes y formaciones políticas. Escribe Ramón Cotarelo que la democracia es un régimen de opinión y que la opinión nace del intercambio de ideas, de la reflexión y del respeto hacia los demás. Sin embargo, no lo entiende así el candidato que rehúsa confrontar opiniones y programas.

Con demasiada frecuencia afirmamos que los políticos no escuchan aunque, por qué negarlo, tampoco nos hacemos oír de una manera firme y decidida. Aquí, como en tantos otros espacios, nos referimos a la clase política con cierto desdén y de manera airada. Afirmamos que van a lo suyo, que defienden sus intereses e ignoran los nuestros. Pudiendo ser cierto, el problema se agrava cuando nosotros, los ciudadanos, actuamos como si nos importara un comino el que traten de manipularnos o cuando, como borregos, aceptamos que nos engañen. ¡Total que más da!

La democracia debe asentarse en la controversia y el debate. La ciudadanía y determinados partidos políticos deberían aceptar que la caverna —la mediática y la ideológica— siempre proyecta sombras sabiendo que éstas más que realidades son intereses de los grupos de presión y de poder a los que obedecen. Podemos flagelarnos juzgando a quienes nos gobiernan y a quienes elegimos para que nos representen.  Podemos gritar que son todos unos corruptos y estafadores para aplacar a nuestra conciencia pero, después de las lamentaciones y los aspavientos ¿qué? ¿Dejamos que continúe gobernando quien nos desprecia hasta tal punto que no considera necesaria su presencia en los debates electorales? ¿Damos por bueno dejar fuera de los debates programados a una formación como IU? ¿Aceptamos que sean las encuestas o los medios de comunicación quienes determinen los candidatos que deben participar en los debates?

Si nuestra democracia funciona de esta manera y nosotros no exigimos responsabilidades ni intervenimos, estamos dando la espantá como Rajoy.

Es lunes, escucho a Gilad Atzmon:

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8 comentarios sobre “La espantá

  1. Cuándo la mayoría se ponía la mano en el bolsillo y sacaba dinero para irse al bar a tomar cervezas, o al restaurante, vacaciones, etc. , no se quejaba ni le interesaba lo que en instancias políticas ocurría, que no dista mucho de lo que ocurre en nuestros días. Actualmente con el aumento del número de personas que han visto degradada su vida cotidiana, se oyen más voces exigiendo a los políticos que estén por los ciudadanos, y los políticos ven peligrar su plácida estancia en sus laureles.
    La democracia pone en nuestras manos algo que los políticos necesitan, el voto, y el voto es lo que nos defiende.
    Nuestra implicación tiene que ser mayor, para poder condicionar las políticas que se nos aplican, y no al revés.
    Convertirnos en una masa borreguil, hace que partidos políticos de demostrada ineficacia, corrupción y “negocios propios”, consigan tener numerosos votos a pesar de los hechos.
    No se si la sociedad está enferma, pero que no quiera ver lo que es visible, y por lo tanto, no actúe en consecuencia, no hace de este país, un país del que estar orgulloso. Cómo mínimo, deberíamos votar todos y sobre todo, saber que estamos votando.

    1. Alguien podría esgrimir que la crisis ha servido para el despertar de la conciencia colectiva. Sabiendo cómo hemos votado, cómo es interpretado el voto, me temo que, nuestra conciencia y la de la mayoría de los políticos, continúa aletargada. Saludos

  2. Haloween, San Valentín, Black Friday… la democracia se está tornando un producto más de consumo al más puro estilo consumista impuesto por los norteamericanos. La calidad no importa y el precio, ungido por la obsolescencia programada, pasa de ganga a despilfarro a nada que se utiliza el producto. Nos engañan como a chinos con una democracia “todo a 1 euro” que no sirve ni para mostrarla a los conocidos una vez que la sacamos del bazar tras abonar el importe en las urnas.

    Era de esperar que Rajoy no de la cara en los debates, ya se encarga Moragas de que las baladronadas y las infantiles pifias verbales, mentales e ideológicas del candidato del PP no sean objeto de befa y mofa por parte de cualquier ciudadano o ciudadana con una neurona decente, y no digamos de la carnaza que las palabras del bufón que nos gobierna suponen para los aspirantes a ocupar la Moncloa, todos ellos mucho mejor equipados que la Marioneta de Aznar, la banca, el empresariado y la Conferencia Episcopal.

    Lo que me sorprende es que los aspirantes le sigan el juego y se presten a la farsa perpetrada por Antena 3 donde acudirá la vedette Soraya haciendo un hueco en su apretada agenda de vodevil que la lleva de la pista de baile a un viaje en globo en una loca carrera por apuntarse a la moda escaparatista en que están convirtiendo la democracia. Deberían enviar el PSOE, C’s y Podemos a segundos o terceros espadas para evidenciar que el Presidente Rajoy tiene el cerebro desnudo en su interior.

    Deberían los votantes del Partido Popular, imitando lo que los diputados catalanes de la CUP exigen a Convergencia para entregarle el voto, que Rajoy no sea el candidato a la presidencia ya que, a fin de cuentas, la política del PP se diseña y programa desde el Ibex 35 —ya tienen un recambio fresco, en los dos sentidos de la palabra—, Wall Street y el Bundestag. Cualquier integrante de las populistas filas populares está más capacitado que él para servir a otros y ninguno puede, por mucho empeño que ponga en ello, ofrecer peor imagen que Mariano.

    1. Black Friday, días de rebajas, “democracia” y campaña electoral o hay que hablar de campaña publicitaria en busca del cliente fácil de quien se pretende atrapar el voto con ofertas electorales, promesas de saldo, descuentos imposibles, rebajas de impuestos y mejoras imposibles. Soraya, lo leí por algún sitio, afirma que tenemos que hacernos a la idea de que nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Nos invita a la sumisión y resignación. Lo peor es que muchos aceptarán esta hipótesis en vez de rebelarse y plantar cara a todos los que defienden un empobrecimiento de las condiciones de vida, de la educación o la sanidad pública. En fin, de nosotros depende.

      Gracias por pasarte comentar, y enriquecer este espacio

  3. Y lo peor es que tenemos lo que, democráticamente, se ha elegido. Aunque democracia debería llamarse solo cuando cuándo quienes participan en ella saben lo que hacen, aunque se equivoquen. En este país no se ha llegado aún a ese nivel, hay una incultura política abrumadora y bien que se la trabajan en los medios de comunicación para que siga siendo incultura.

    1. No parece verosímil alcanzar el poder sin el apoyo de los medios de comunicación, sobre todo si el electorado es poco crítico y buena parte de los ciudadnos críticos se dejan llevar por el todos son iguales que tanto gusta a la derecha. ¿De verdad que es lo mismo votar PP que C´s, PSOE, Podemos o IU? Ni todos son lo mismo ni defienden las mismas políticas. Los medios de comunicación tienen sus intereses políticos, económicos o estratégicos y así lo demuestran en sus publicaciones, pero hoy el ciudadano medianamente interesado tiene recursos y medios para e contrastar e interpretar la realidad que vive y la que le trasladan esos medios. Pero quizá se más cómo el todos son iguales para engañar a su conciencia y no hacer nada.

      Saludos y gracias por comentar.

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