Demasiadas palabras

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Pudimos

Se habrá escrito más de una vez: la decepción es patente de la izquierda. En la derecha, esa sensación desfavorable tras una determinada experiencia, no se produce, no existe. Tienen motivos suficientes para que apareciera el desencanto pero, entre el enorme entramado mediático a su servicio y el conformismo de sus incondicionales, se disipan las dudas y desaparecen las náuseas. Los amagos de vergüenza que se pudieran producir, por pertenecer a una opción manchada por innumerables casos de corrupción y de injusticia social, se transforman en la alegría del: dame pan y dime tonto aunque el pan solo sea para los mismos de siempre y para el resto lo que queda del dicho.

La irrupción de Podemos fue una necesidad ante la corrupción galopante, la incapacidad manifiesta y la obsolencia endogámica de los partidos tradicionales. El sistema necesitaba opciones alternativas, ciudadanos comprometidos que evitaran el desmoronamiento del andamiaje democrático. Entonces surgió una alternativa real, atractiva y diferente que agrupaba a un variopinto grupo de ciudadanos dispuestos a abandonar su aletargamiento. Igual que se tomaron plazas y calles, se apostaba por colocar en las instituciones del Estado a ciudadanos que sí les representarían. La situación era propicia y los actores emergentes brillaban por sus nuevas formas, su lenguaje directo y, si quieren, una indumentaria más acorde y actual que la ofrecida por ese ejército vetusto de uniformados con chaqueta y corbata, con vestidos y peinados como dios manda, que copaban todos los puestos que dicen de responsabilidad.

Sucedió que el propio sistema que propició su aparición, sintió cierto vértigo y buscó una solución más edulcorada. Simultáneamente, Podemos, embriagado de éxito demoscópico y de twits favorables de los sábados noche, no olió el pescado. La opción política construida con lo más ilusionante de una izquierda dinámica y heterodoxa, terminó reproduciendo lo peor de la triste y vieja izquierda. Resulta decepcionante comprobar cómo una opción política que pretende acceder al ámbito de la representación cae en los mismos errores de los que ya ocupan ducho espacio. No puede extrañar entonces, que muchos electores hayan pasado de Podemos al constatar que se transformaba en otro partido al uso, que respondía con los mismos tics ante las primeras informaciones adversas, que abandona los círculos para hacerse vertical y ocupar la centralidad del tablero. No se definió pretendiendo ventajas. Dijo no ser de izquierda pero sí socialdemócrata y cuando se le pedía concreción, respondía con un «haremos lo que la gente quiera». Quiso avanzar ocupando espacios impropios, cuando muchos esperábamos otras respuestas y otras dinámicas.

Ahora no lo tiene fácil, ya no basta con volver a las primarias abiertas, ni al control democrático de los cargos electos. Ya no nos conformamos con gestos aislados de dignidad ni soflamas encendidas. Podemos ha perdido la luz que le hacía brillar; la ilusión virginal y entusiasta de sus seguidores se ha difuminado. Así las cosas, hemos pasado del presente imposible al pretérito perfecto: del podemos al pudimos. Puede que muchos repitamos el voto, pero ya no habrá el entusiasmo de las primeras veces. Suele suceder. 

Es lunes, escucho a Jon Irabagon y Luis Perdomo:

Dilemas de la confluencia ¿Y tú, qué decides? El buen socialista Esto y más cosas debería hacer Podemos… Lo maravilloso de esta generación Sobre la carta abierta de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón ¿Cuándo perdimos la sensibilidad? El candidato imaginario

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8 comentarios

  1. Annpenk dice:

    Me he propuesto generar una pregunta; aunque me temo, son muchas más… Ya que La Decepción, también divaga fruto del sufrimiento y las pocas salidas.

    ¿Por qué seguir anclados en la “izquierda” o “derecha”?, ¿por qué seguir hablando de ideologías, utopías, valores intrínsecamente, individuales (aunque queramos supeditar eso, al grupo) cuando se trata de política?. Supuestamente, una herramienta que las ciudadanías maduras tienen para conducir por niveles legislativos toda una sociedad. ¿No será que el problema es seguir trasladando condiciones subjetivas a algo, que desde mi joven punto de vista, debería ser objetivo ante todo?

    Cuando una persona tiende a ser subjetiva ante cuestiones que necesitan, por definición, de objetividades… Se tiende a cagarla. Y mucho. ¿No es esto lo que pasa en la Justicia? ¿En una investigación científica? ¿En un caso de investigación criminal?… ¿No sucede, aún a día de hoy, en la Educación? ¿No sucede en la mediación de un conflicto con amistades? Si para tantas facetas de la vida humana se requiere de “objetividad”, ¿por qué aún no nos hemos dado cuenta de que el problema es este?

    El ciudadano español; el de hace quinientos años, el de hace cuarenta, veinte y el que aún pervive en su idiosincrasia; es un ser que se cree, por encima de todo, a una escala superior moral. Se cree con unos valores más humanos y cívicos, y se cree, ante todo, más sabido que su propio vecino. A veces, esto, incluso se refleja en las mejores familias. Divina sapiencia española. Y así nos ha ido de siempre; y sigue: si creías en Dios, te llevaremos de “paseíllo”, ¿ahora? no puedes ser de izquierdas. ¿Y si eres gay?, antes te colgaríamos, ahora, no puedes ser de derechas. Pero si crees en Dios y eres gay, eres tonto. Ayer y hoy. Lo mismo pasa con otros tantos temas de índole personal, ejemplo; aborto, provida o antiaborto. Resulta que tres términos totalmente distintos y que engloban visiones distintas, al final, se quedan reducidos en “izquierda o derecha”. Bueno o malo; inteligente o ignorante. Oprimido y opresor… ¡Ah! Se me olvidaba, otra histórica, si crees en la benevolencia del Estado, eres amigo. Si crees en el sistema de libre mercado, eres enemigo. “Sucio” capital. Y “bendito” poder público que nos representa; por cierto, otro planteamiento… ¿Quién tiene más cuidado, quién se juega su propio dinero? ¿o quién maneja dinero de otros?

    Que venga a soltar este batiburrillo de palabras, no viene a decir otra cosa que la “Decepción”, con mayúscula inicial, como persona, no viene de la izquierda, queridas personas. Ni de la derecha, que también la sufre en sus carnes desde hace muchos muchos años, por cierto. Lo bueno de observar, desde fuera, recoger migas de todos lados y masticar su sabor, es poder detectar los matices amargos de cada una, así como sus tintes dulces. No es bueno encasillarse, ni tampoco perpetuar los propios dogmas. Por eso, La Decepción, no entiende de ideologías, ni de colores, ni de círculos mal copiados desde estrategias ya inventadas por orangutanes selváticos (que bien sabido es y cínicamente negado por otros, han dejado su país, en la más cruenta “mierda”). La Decepción no viene deseando arcaicos modelos, que se ha demostrado una tras otra vez, de manera incansable, que no funcionan por estar llenos de desigualdades -dando lo mismo un sistema socialista, que socialdemócrata, que puramente capitalista-.

    Pero todo eso, da lo mismo. Y seguirá dando, porque la verdadera Decepción viene de quienes, habiendo vivido menos de 35 años, y habiendo mamado la palabra “Libertad” con todas sus consecuencias, vemos cómo una facción de la sociedad sigue anclada en la palabra “Izquierda”, y la otra, en la “Derecha”. Y cada uno con lo suyo, sin atender otras vertientes. O carecer de importancia por parecer “pusilánimes”. La Decepción viene de la mano de gente, que como yo, creemos que la política debería comenzar a entenderse por una doctrina que sólo debería hablar del propio Sistema y de cómo funciona el Sistema, para tenerlo en cuenta y no pretender amoldarlo a gustos, pensamientos y utopías personales; imponiéndose al final a una sociedad mediante “normas”. Porque esto, lectores, no es gobernar, es crear desigualdades, es crear homofobias diversas, sistemas clientelares, y generar fallos que sólo pagamos nosotros, quien sustenta al Sistema. Porque nosotros somos él.

    La política debería empezar a facilitar que las sociedades, sin imponer valores y morales frutos de ideologías con nombre propio, convivan y tengan una vida digna. Debería comenzar a hablarse de conciliación, de toda índole social y económica, abandonar la polarización que llevamos perpetuando décadas. Y nosotros facilitar ese diálogo. Pretender hacer de la política un paraguas donde se recogen todas las miserias y éxitos de personas que si bien, sólo merecen que se respete su condición de forma íntegra, es seguir abocados a jamás tener, en ese paraguas, toda la cobertura que se desea. Porque muchas garantías las forjamos nosotros mismos, nadie más. Pero claro, para ser persona se requiere de madurez, perspectiva y sobretodo, independencia. Comenzar a conocerse de verdad y conocer el Sistema que está ahí, para mejorarlo, no cambiarlo. Se requiere salir de la masa.

    • Juan dice:

      Muy interesante el comentario. Interesante y extenso. Por acotarlo, responderé a algunos supuestos que se plantean.

      La decepción. Parece obvio que se puede dar en personas de diferentes ideologías. Cuando se plantean en el post de la manera que se hace, es simplemente por una simple percepción personal. Conozco muchas personas de derechas, por cierto ser de derechas no conlleva un voto implícito a una formación derechista, que ante todo son militantes de la causa. Les importa poco, o lo disimulan en caso contrario, cómo lo haga su opción política. Ellos son de X y nada impedirá que sigan siendo fieles a X. La decepción se produce al atribuir capacidades o depositar confianza en quien no tiene esas capacidades o cuando nos percatamos que no las tiene.

      En absoluto hay una intención de situar a nadie por encima o por debajo de nadie según ideología o adscripción política. Nadie es bueno o malo, inteligente o necio por adscripción ideológica o partidaria. Resulta difícil aceptar que alguien crea poseer una superioridad moral sobre algún otro como colectividad. No hay moral colectiva, sólo individual, de las personas en cuanto individuo; sólo las personas individuales pueden ser objeto de juicios de valor y sólo a cada una de ellas se le puede exigir responsabilidad por lo que hacen. En principio no hay personas superiores o inferiores moralmente, todas son iguales. Luego, cada cual es responsable de sus actos. Después, cada cual es hijo de sus actos.

      Ideologías. Sostener superioridad o inferioridad moral entre ideologías es un error. En principios no es cuestión de superioridades sino de afinidades, prioridades y opciones. Entre el interés de la macroeconomía y los intereses de las personas con las que me cruzo a diario, ¿dónde me sitúo? Entre apoyar una política que trate de ayudar a las personas dependientes o apoyar políticas que se olviden de esas personas y de sus problemas, ¿no tenemos la obligación ética de posicionarnos? Entre abrir las fronteras a los ricos y dejar que mueran en las vallas o en el mar los que tienen menos recursos, ¿nos quedamos sin hacer nada? Entre quienes entienden la sanidad y la educación como servicios públicos y quienes lo observan como una oportunidad para hacer negocio, ¿no tenemos criterio? Alguien durante el franquismo escribió sobre el ocaso de las ideologías. Naturalmente lo hizo desde una posición ideológica concreta e interesada.

      ¿Es posible un mundo sin ideologías? Supongo que no. Si hubiese unos niveles de justicia social suficientes o una gruesa costra de indiferencia cubriera a los hombres, entonces podríamos aproximarnos a ese supuesto. Hoy es una necesidad.

      • Annpenk dice:

        ¿Y no es, dentro de esa necesidad, obligación caminar paralelamente con intereses comunes, además de apoyarnos en aquello que pueda formarnos más el pensamiento, despejar dudas sobre mecanismos… En definitiva, no es más necesario apartarse de las ideologías en pro del “conocimiento”; un conocimiento sobre el mundo que nos rodea; para dirigir un país, para votar en consecuencia y apartarse de éstas?

        Planteo esto, porque tras tu argumentación; que por cierto, me ha encantado ya que veo que en realidad, compartimos muchos puntos de vista (esto es lo bonito de “hablar”), me nace el siguiente mensaje: las ideologías son excluyentes; por definición. Identifican a un conjunto, anulando su parte más pequeña y frágil, un sólo individuo. La ideología nace para albergar una generalidad de personas; excluyendo a quién no obedece esas normas, valores; o a quien no se identifica con ello. Y no sólo ocurre con ideologías políticas. Conllevan enfrentamiento y al final, hostilidades. Pues los individuos tenderán a pensar siempre distinto; habiendo ideologías más fuertes. Y más débiles. También se habló de la batalla de “ideas”; pero a estas alturas, creo, viéndolo desde un sentimiento impotente, esto sólo provoca disonancias. Y lo que pretendemos es la inclusión de todos los acordes…

        Es cierto, que sin sentar unas bases desde el poder público para la convivencia pacífica general, no es posible llegar a ella. Pero cuidado, no podemos confundir esto y extrapolarlo a otro tipo de mensajes. Y aquí, es donde erramos porque en todos los planteamientos se expone posicionarse en contra o a favor de políticas que… Una vez más, gobiernan para unos y no para todos. Fruto de lo mismo que digo, ideologías y no el sentimiento de dirigir un conjunto de mecanismos que condicionan a todos los individuos de una sociedad; incluidas las generaciones venideras.

        Como dije en el primer comentario, se peca y se ha pecado de un lado y otro. Por lo que la identificación de unas cosas con la derecha, y otras cosas con la izquierda… Es bien merecida. Pero menos mal, no todos los países son España; aunque todos tienen Bancos Centrales y ex-políticos en Consejos Generales! (¡Horror!). Unos usan en su beneficio el sistema de mercado; los otros, promulgan que el problema se ataja desde un mayor control estatal (pintándolo bonito con palabras como “poder del pueblo”, el del voto con voz…). Cuando planteo la pregunta sobre el cuidado con el manejo de dinero ajeno; es una clara referencia a mi desilusión ante los gestores públicos de toda índole, de toda ideología, que han tirado tanto esfuerzo, de tanta gente, a la basura. Porque, no seamos pueriles, el dinero es nuestro papel de cambio para tener y sobretodo, hacer. Unos se los han dado a cuatro amiguetes con empresas tapadera, otros se llenaron la boca con cursos de formación y EREs, otros se liaron a construir infraestructuras fantasmas… Financiaciones ilegales, sellos, salidas a Bolsa fraudulentas. Podríamos no terminar.

        Pero, ¿podríamos salir del bache de la ideología? Sí, y lo creo firmemente. Insisto. Con información, independencia, objetividad y sensatez. Pero salir antes, de la masa, es necesario.

        ¿Se podría cambiar el plural “ideologías” por un singular que albergase unos valores y esos conocimientos determinados que asegurasen estabilidad, Justicia, independencia y poca usura? Cierro con esta cuestión para meditarla.

        🙂

        • Juan dice:

          Apuntas que resulta más necesario apartarse de las ideologías en pro del “conocimiento”. Entiendo que las ideologías o se elaboran desde el conocimiento o se quedan en opciones para fanáticos.

          La vida es elegir. No somos como un automóvil dotado del más sofisticado GPS, al que se le indica un destino y el conductor se limita a obedecer ciegamente sus indicaciones. Quienes propician o difunden el final de las ideologías, ¿no proponen la sustitución de las ideas por la gestión administrativa de los asuntos que nos incumben? Entiendo que aceptar el fin de las ideologías sería admitir algo tan irreal como que vivimos en una sociedad tan confortable e igualitaria que cubre las necesidades básicas de sus ciudadanos. Aceptar el fin de las ideologías, ¿no es aceptar la situación existente sin cuestionarla, sin tratar de revertir las situaciones que observamos injustas?

          Se podría pensar que el sentido común sería suficiente, que una sociedad puede ser dirigida desde la sensatez y la lógica del sentido común pero ¿sería posible? Supongo que no. Probablemente por formación y estilo de vida el sentido común y los intereses de un ciudadano que vive en un barrio marginal no son iguales que el sentido común e intereses de otros que viven en la más elitista de la misma ciudad. El sentido común de un empresario o una persona sin problemas económicos no será nunca igual del sentido común de aquellos que se levantan cada día sin saber qué tendrán que hacer para poder comer.

          Hay una realidad que nos indica que hay personas dogmáticas y reaccionarias que se oponen a los avances científicos, que no toleran que la ciencia se ponga al servicio del hombre sino que éste debe estar sometido a los designios de la naturaleza o de un dios cualquiera. ¿Recuerdas la polémica cuando en Sevilla nació el primer bebé tratado genéticamente? El cordón umbilical que le unió a su madre era el salvavidas para su hermano que padecía una enfermedad congénita severa. Sin embargo, para un sector de la población era intolerable que un equipo de investigadores, de un hospital público sevillano, utilizara una técnica de selección de embriones contra la voluntad de la naturaleza. Hubo quienes clamaron al cielo porque aquello suponía una degradación del ser humano, algún portavoz de la Conferencia Episcopal, se refirió a aquel niño como “niño medicamento”. También hubo quienes aclamaron a esos padres y cuadros médicos.

          La vida es elegir. Cuando adquirimos un libro optamos entre ficción o interpretación de la realidad, entre prosa o poesía, entre literatura de evasión, aquella que ayude a nuestra formación o la que nos reivindique como ciudadanos. Escribes que “la ideología nace para albergar una generalidad de personas; excluyendo a quién no obedece esas normas, valores; o a quien no se identifica con ello”. No lo comparto, pienso todo lo contrario. Las ideologías ofrecen una interpretación de la realidad. En sí mismas no excluyen a nadie aunque todas pretendan orientar a los ciudadanos. Ciudadanos que aceptarán o rechazarán esa concepción que se les ofrece desde una argumentación ideológica cualquiera.

          Preguntas: “Se podría cambiar el plural “ideologías” por un singular que albergase unos valores y esos conocimientos determinados que asegurasen estabilidad, Justicia, independencia y poca usura?” Bien. Podríamos buscar otra palabra pero, independientemente del término que utilizáramos se trataría de ideología. En la propia secuencia que utilizas (estabilidad, Justicia, independencia y poca usara) hay una respuesta ética ante una realidad que entiendes está falta de esos conceptos.

  2. marujamoyano dice:

    Es una pena, estoy de acuerdo contigo y también me siento algo decepcionada. Creo que no han sabido, ebrios del éxito inicial, rentabilizar todo ese empuje. Han ido de la ceca a la meca sin concreción de línea y eso pasa factura.

    • JCRomero dice:

      Pues sí, somos muchos los que intuimos que se ha perdido una buena oportunidad. Cabe esperar que en lo que queda hasta las elecciones se concrete una opción que almenos nos permita ilusionarnos más allá de la necesidad de desalojar del gobiernos a los actuales.

  3. icástico dice:

    Ya, da la sensación de que solo queda el pp o el psoe, ¿verdad?, y, además, como el raposo de rajoy colocó las elecciones ¡para el 20D! se espera que el buen rollito de esas fechas le favorezca. Pero no picaré, así se siga equivocando podemos, pudimos o la cagamos. Es normal que esto siempre lo haga la izquierda, será la ansiedad sumada a la inexperiencia, pero es que se le pone una lupa que convierte sus pecadillos de pardillos en pecados de gúrteles. Ánimo.

    • Juan dice:

      En absoluto. Quedan otras opciones, pero la izquierda es mucho más que PSOE y Podemos. Se están fraguando otras opciones. Ya veremos.

      Podemos generó ilusión, sacó de la modorra democrática a muchos desencantados y puso las pilas al resto de partidos. Ahora la cosa ha cambiado. Supongo que conseguirá una representación importante que, en un Parlamento sin grandes mayorías, puede tener un un papel muy relevante. En todo caso, como se escribe en el post, puede que muchos repitamos el voto, pero intuyo que aquel entusiasmo colectivo se ha esfumado. .

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