Opinión

La bandera

Ahora que las urnas son peligrosas y que tanto los países de la zona euro como el resto de acreedores, se han esmerado en aplicar al pueblo griego métodos que recuerdan al cruel Procusto, volvamos a la bandera. Piensen en un líder cualquiera. Ponedle rostro. ¿Lo tenéis? Bien, entonces preguntaros si alguna vez le habéis visto llevando la bandera. Puede que ordenara colocarla en el escenario desde el que habla, que la ice a lo más alto del mástil, que metafóricamente se envuelva en ella. Puede darle éstos y otros usos pero, probablemente no encontréis una fotografía suya con la bandera entre las manos. Es cierto que muchos la usan, pero rara vez la portan; para eso cuentan con la soldadesca.

El origen de pendones, estandartes y banderas habría que encontrarlo en la necesidad de distinguir, en la guerra, a los amigos de los enemigos. En la actualidad, los adversarios están perfectamente identificados por muy camuflados que se exhiban entre ostentaciones patrióticas y apropiaciones indebidas. Lo reconozco, las banderas no me apasionan. Será porque terminan siendo muros que separan o porque detrás de toda bandera suele haber una historia cargada de servidumbre, opresión y sangre. Sea como fuere banderas y patria son conceptos que me producen indiferencia. ¿El himno? Digamos que me quedé en aquello de Brassens de que «la música militar nunca me supo levantar». Sinceramente, este país no es mejor o peor por el uso que se haga de su bandera. Es más, pienso que muchas de sus tradiciones deberían desaparecer y custodiarse como reliquias en algún museo de antropología hispana. Más que con una bandera me identifico con quienes trabajan por los derechos humanos y apuestan por reducir la desigualdad.

Aceptando el valor simbólico que pueda tener la bandera, acepto también que se pueda manifestar disconformidad —protestar es un derecho— cuando entre los pliegues de la misma se atisba el recuerdo de golpes de estado, guerras civiles y dictaduras. Ahora que cierto revisionismo de la historia se pone de moda, alguien podría tener la tentación de responsabilizar a la Transición por su incapacidad para buscar una solución definitiva. ¡Cuidado! En aquellos tiempos, los cuarteles estaban atiborrados de militares dispuestos al paseo.

Pedro Sánchez quiere que «el PSOE sienta la bandera como propia». No lo tiene fácil. Es cierto que, cuando España ganó la Copa del Mundo de Fútbol, el país se cubrió de banderas pero, ¿era la enseña nacional o la banderola de la Roja? Aunque la Constitución vigente la reconozca, a la rojigualda le ocurre lo mismo que a la monarquía: ha sido impuesta y refrendada, pero no se ha convertido en un símbolo de todos; si fuera de todos no sería de nadie. En todo caso, menos bandera y más país, menos simbología y más trabajo, derechos y libertades. ¡Juan, no te pases que ya estamos en julio de 2015!, aunque parezca 1954.

Considerando que estamos en una democracia —¡que igual es mucho decir!— y que hay una importante porción de electores que sí se identifican con los símbolos patrios. Desde un punto de vista estrictamente electoral, ¿es inteligente que la izquierda política rechace la bandera? En los programas electorales próximos, ¿cuántas candidaturas propondrán cambiarla?

Es lunes, escucho la Suite for Flute and Jazz Piano Trio: 

La bandera de Pedro Sánchez Banderas Me gustaría decir algo  Presencia de bandera, ausencia de relato Mi opinión sobre la #leymordaza Simbolos nacionales Adiós a las rencillas históricas La ley mordaza ya está en vigor Grecia y Venezuela en el ruedo ibérico El PSOE, lo símbolos y el viaje a la centralidad Con la Ley mordaza hemos topado, vinculación con el arte Poli bueno, poli malo

http://wp.me/p38xYa-1g5

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6 comentarios sobre “La bandera

    1. Más que rechazo, lo mío hacia la bandera es indiferencia. Cada cual puede ir por la vida como guste pero no puedo evitar que todo abanderado me proyecte una imagen grotesca.

  1. Hizo furor la rojigualda cuando el mundial, sobre todo una de ellas con la que más se identificaba la ciudadanía de este país a la vista de que resultó la más numerosa en balconadas, antenas y automóviles festejantes de la épica goleadora de la selección: aquella en que el escudo borbón (así, en minúscula) fue derrocado y sustituido por unas extrañas siglas, DYC, que interpreté en su momento como Deomocracia Y Ciudadanía y que a día de hoy sigo sin comprender su significado.

    Salud

    1. Si, aquellas días fueron el delirio de las masas, la embriaguez de la pasión colectiva, Después llegó la resaca, quiero decir, la realidad.

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