Demasiadas palabras

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¿Líderes o ciudadanos?

Formamos parte de una sociedad conformista que acepta cualquier situación como si no fuera posible ni valiera la pena cambiarla. No estamos por salir a la calle ni por llenar las urnas para, voto a voto, ocupar las instituciones que legislan nuestra convivencia diaria, deciden nuestra condiciones laborales o nos asaetan a impuestos. Llevamos tiempo buscando el eslabón perdido entre la realidad y este conformismo inmovilizador. El sarpullido brota cuando nos gobierna esta derecha que lo mismo nos quita derechos que se apropia de este país como si fuera un amante de usar y tirar.

Bajaba aburrido el río del desencanto cuando nos sorprendió la tormenta perfecta. La riada amenazaba con inundarlo todo, era necesario que el fango saliera a la luz en este país de trileros y sectarios, de arrogantes y necios. Desde el 15-M no hemos vuelto a ningún esfuerzo colectivo. Mejor delegar que arriesgar; preferible que en un grupo de individuos asalte el cielo por nosotros. Constatada la inoperancia de los partidos tradicionales, nos encandilamos con nuevas formaciones que aparecen en el espacio político. Nos ilusiona más su oratoria que sus propuestas, programas o iniciativas. ¿Nos seducen o nos dejamos seducir?

De Ciudadanos solo me interesa su capacidad para dividir a una derecha que, por primera vez, parece repartir sus votos y escaños entre dos formaciones de implantación nacional. Quizá por aquello del voto depositado, otra opinión  me merece Podemos. A este paso, la esperanza mutará en fiasco. De momento, y según las encuestas, parece que debilita a IU y PSOE, pero no culparía a Podemos por la anemia creciente de estos partidos. Sus causas hay que encontrarlas en la incapacidad de los mismos para conectar con un electorado más dispuesto a abrazar una hipótesis antes que reincidir en la decepción, la frustración y el desengaño. En todo caso, más que el caso Monedero y, en menor medida, el asunto Errejón lo que ha dañado la imagen y percepción de Podemos es su reacción. Lo que merma es actuar como lo hacen los partidos tradicionales.

Hay un sector de la ciudadanía que exige radicalidad contra la corrupción política y económica, que no acepta la prioridad bancaria sobre la humanitaria, que antepone las personas al sistema. En este grupo de ciudadanos radicaba la fortaleza de un Podemos, que comenzó como un movimiento de izquierda para terminar por definirse ni de izquierda ni de derecha, ni monárquico ni republicano. La metamorfosis aumenta con cada sondeo. Cada encuesta publicada supone un acercamiento a viejas formas de entender la política. El modelo de organización muta al estilo tradicional y clásico de los partidos de siempre; de los círculos se pasa a la jerarquía del aparato y a ensalzar el 2 de mayo al más puro estilo del nacionalismo español.

Podemos corre el riesgo de repetir la desviación de un PSOE que de socialista pasó a socialdemócrata para terminar en algo parecido a un partido social liberal. Por estrategia o cálculo electoral, Podemos pasa de ser un movimiento radicalmente democrático a enarbolar la bandera de la socialdemocracia. En ese tránsito, abona el terreno a nuevas decepciones y lo fía todo a ganar las elecciones y a su líder. Pero, ¿es Pablo Iglesias un líder?

El líder no es el que se acomoda a las exigencias de un guion previo ni quien desde la soflama o la demagogia, disfrazada de habilidad dialéctica, se dedica a vender ilusiones como si fueran realidades. Un líder no actúa como ese comunicador mediático que, con tanta vehemencia como pericia, nos engatusa con productos y soluciones milagreras. El líder deja de serlo si se nos publicita como un coche, un película o un producto de consumo. Pero, ¿necesitamos líderes o ciudadanos?

Es  lunes, escucho a Jeremy Sassoon:

Yo no soy politólogo  La dieta de Gwyneth Paltrow, todo un reto El sobresueldos y su banda  Ciudadanos desplaza a Podemos La veleta de Ciudadanos Podemos solo se reajusta, no se fractura La sartén y la alcuza Podemos siempre en medio de la polémica  Lo que España merece

http://wp.me/p38xYa-1bq

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6 comentarios

  1. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Formamos parte de una sociedad conformista que acepta cualquier situación como si no fuera posible ni valiera la pena cambiarla. No estamos por salir a la calle ni por llenar las urnas para, voto a voto, ocupar las instituci…

  2. I.L. dice:

    La fortaleza de un pueblo radica en su poder por cambiar las cosas. Claro está siempre que haya alternativas que los ciudadanos puedan atisbar como factibles para mejorar. España necesita un cambio importante, pero pasito a paso. No podemos cambiar las cosas de un instante a otro y sin escuchar todas las voces. Nuestro país necesita un tiempo nuevo y ese espíritu renovador es el que debe de ahondar en la conciencia de todos.

    • jcromero dice:

      El problema es que hay una mayoría que desprecia ese poder de transformación que algunos observamos. Cultura y formación son indispensables para un activismo social sólido que sepa distinguir la necesaria función crítica de la capacidad de construcción democrática. El activismo digital es necesario y contribuye en la creación de conciencia pero hay que ir más allá, más que en el mundo virtual es preciso actuar sobre la sociedad real. Comparo su opinión de la necesidad de un cambio importante, pero ese cmabio no se producirá si no cambiamos nosotros, los ciudadanos. Saludos

  3. Aletheiae dice:

    Yo no tenía de a quien votar, pero la verdad es que Podemos se estaba ganando mis simpatias, pero eso de verlos aflojando el discurso, la extraña forma en que se ha marchado Monedero -después de haberse chupado todo su caso- me están desilusionando un poco.

    Pero tienes razón, el tema aquí debería ser salir a la calle a exigir, una vez más, que nos representen. Pasé tiempo en la Plaza Catalunya, nunca llegue a acampar -y a veces me arrepiento- pero nunca olvidaré el ambiente que se respiraba en el 15M… lástima que parece algo irrepetible.

    Eso si, y no quiero en ningún caso romper tu entrada -reitero que opino como tú-, con la ley Mordaza es bastante lógico que estemos todos un poco acojonados, me temo. Cuando entre en vigor lo tendremos bastante difícil para salir a la calle, desgraciadamente.

    ¡Un saludo!

    • Aletheiae dice:

      Yo no tenía ni idea*

      Je, fe de erratas.

    • jcromero dice:

      Se percibe que la política no va bien. Tampoco la democracia si, para los partidos, somos más importantes como electores que como ciudadanos. Existe la posibilidad de convertir los proyectos en realidades y en transformaciones políticas, existe la posibilidad de dar cauce y coherencia política a la voluntad popular, de fomentar un espacio donde todo se discuta, examine y sintetice. Podemos ilusiona cuando se muestra como un movimiento capaz de presentar agendas alternativas; Podemos decepciona cuando da pasos hacia la repetición de esquemas ya conocidos por su incapacidad. De una sociedad indignada y un sistema político incapaz, nada novedoso ni esperanzador puede surgir. Podemos representaba, acaso aún representa, un ariete contra esa forma de hacer política que ya parece tan agotada como improductiva para nuestros intereses como ciudadanos. ¿La ley mordaza?, un retroceso. Primero callan a los ciudadanos, luego irán por los periódicos aunque la inmensa mayoría sean palmeros del poder. Saludos.

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