Opinión

La indiferencia del sofá

Pensar es un incordio. Debe resultar más confortable obedecer, apagar el descodificador de la realidad y transitar de una manera mansa, como animales amaestrados y sometidos. Ya sabes, estímulo y respuesta, dame pan y dime tonto; vivir sin dudas ni disquisiciones, regresar al tiempo de la mansedumbre, al ande yo caliente y ríase la gente. La obediencia ciega debe ser un ansiolítico, la opción más simple y menos racional; la preferida por todos los integrismos. 

Lo contrario a una decisión racional es la sumisión, la aceptación de no contemplar otro camino que el trazado. Todo poder pretende que actuemos como un rebaño necesitado de pastor y perros que lo controle y conduzca por el camino más seguro, por el camino único. Tanto empeño pone y de manera tan atolondrada respondemos, que nos limitamos a obedecer activando el instinto de supervivencia y usando la democracia existente como un mando a distancia para, desde la indiferencia del sofá, contemplar la telebasura que nos programan. Si no ejercitamos nuestra capacidad de razonar, si no tiramos de principios y nos limitamos a buscar sustento y nido, si nos conformamos con sestear de la manera más apacible, nos igualamos al resto de seres vivos.

Se sabe que el hombre ha evolucionado desde un remoto estadio animal y que, para el poder, el hombre libre y el pensamiento crítico son obstáculos a eliminar. Ahora legislan para que la sociedad futura vuelva al rezo, al «origen divino del cosmos» y al «María, llena eres de gracia». Es un paso atrás, una renuncia, otra claudicación para no separar del Estado los intereses de la Iglesia. Pero, como tenemos principios y capacidad para pensar, no queda otra alternativa que ser conscientes de la situación y responder. Hay asuntos que dependen de nosotros y otros que se nos escapan. Que el actual Gobierno ceda a la jerarquía eclesiástica el BOE y las escuelas, es algo que hoy solo podemos contrarrestar expresando nuestra disconformidad de manera tan contundente como democrática. También podemos oponernos mediante una respuesta civil adecuada, por ejemplo, rechazando la asignatura de moral católica al matricular a nuestros hijos para los próximos cursos escolares y, ahora que estamos en año electoral, optando por las opciones que mejor representen nuestras inquietudes para que puedan cambiar esa legislación y saquen, de una vez para siempre, la doctrina religiosa de los colegios. Si no podemos evitar que este Gobierno avance en la confesionalidad del Estado, podemos y debemos pararle los pies, desmontar sus políticas y desbancarlo.

Hay una tendencia a fomentar la fe en detrimento del pensamiento crítico y en potenciar esa sumisión que llaman obediencia. Las cosas son así —nos dicen paternalmente—. Las cosas son como son y no se pueden cambiar, reiteran. ¿Han programado la obsolescencia de la sociedad crítica, solidaria y comprometida? La lógica filosófica va a ser sustituida, en la enseñanza escolar, por la lógica del emprendedor y los valores cívicos están siendo sustituidos el credo católico. Nos escriben el futuro y lo consentimos. Diseñan una sociedad resignada, sin memoria, dispuesta a vivir fuera del tiempo, de la realidad, bajo la amenaza de convertirse en estatua de sal si tuviera la osadía de mirar atrás y preguntarse el porqué de las cosas.

¿Es malo pensar? Pensamos porque tenemos esa capacidad; deducimos porque usamos cierta lógica y nuestros principios. Por eso, en lugar de escurrir el bulto, de limitarnos a trabajar, sobrevivir y dejar que otros decidan por nosotros, de vez en cuando, afrontamos las dificultades y buscamos fórmulas para mejorar nuestras condiciones de vida. Cuando eso ocurre, el poder tiembla. La evolución del hombre radica en ese empeño de algunos en dudar, usar el ingenio, arriesgar y enfrentarse a todos los miedos.

Es lunes, escucho a Benny Green:

 Esbozos de vértigo o cosillas que dijo Cioran, ¿Igualdad?, Fomentando el odio, Está en nuestras manos, Discursos motivadores para un mundo desmoralizador, ¿Para qué sirve realmente la ética?, De lo que enseña la tele o internet…, ¡Se callen, coño!, Religión en la escuela, Acusaciones, Etiquetas. Señales, Televisión Española, trampas al solitario,  Suelo público para enseñanza pública, Ideologías.

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8 comentarios sobre “La indiferencia del sofá

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Gracias por tu texto, tan lúcido y acertado. Es cierto, vivimos y actuámos ante las injustícias y la sociedad como adolescentes que todavía no han madurado. Pataleamos y culpamos a los demás por nuestras desgracias, al gobierno, al vecino de al lado, al tiempo, Nos resignamos demasiado deprisa y esperamos que alguien nos saque del pozo. No busquemos salvadores, en nosotros está el poder de cambiar las cosas que no nos gustan. No hay alternativa o seguimos en la oscuridad de las tavernas o salimos a la luz y afrontamos la realidad aunque está a veces nos duela y sea muy dura.

    Saludos.

    1. Gracias por comentar. Nada que añadir a tus palabras que, por supuesto, comparto. Lo expresas bien o seguimos en la oscuridad o salimos a la luz. Sabemos que quieren controlados en la caverna, pero si lo sabemos ¿hacemos algo por salir? Saludos.

  3. Pensar no es malo, solo que la idea a la acción hay un montón. El sofá es mucho más cómodo que la calle y en el fondo muchos queremos que otros hagan lo que nosotros pensamos. Hemos pasado de ser un rebaño de ovejas a otro de pastores. Y al final, todos los frentes, que son miles, están abiertos por el mismo enemigo, mientras atiendes a uno desatiendes el resto, no somos capaces de concentrar a todos los ejércitos dispersos para combatir el problema de raíz: el modelo. ¿De qué cosas estamos dispuestos a prescindir? ¿Dónde ubicamos la frontera de nuestras renuncias? ¿Cuántos buenos generales están dispuestos a conducir a la tropa? Pensamos y definimos el problema, pocas veces la solución y los medios necesarios para llevarla a cabo.

    1. Llevando tu comentario al terreno partidario, ¿qué obstáculos hay para que opciones que definen los problemas de manera muy semejante, casi idénticas, estén dispuesto a dilapidar posibilidades con tal de acaparar el mucho o poco poder que los electores le otorguen? Supongo que más que de renunciar se trata de acaparar y, efectivamente, en ocasiones hay que ceder para avanzar. El problema no está en los líderes, que también, el problema está en una tropa apática e indolente en la defensa de los intereses de todos.

  4. Lo clavas en la cruel cruz de la realidad. “Tenemos lo que nos merecemos”, grita una parte importante, sustancial, de la población mientras agita en el aire el mando a distancia a modo de hisopo de modernos exorcistas. “No”, digo yo, “no nos merecemos ni lo que tenemos ni a quienes, con su actitud de pasividad neuronal, hacen posible que ocurra lo que está ocurriendo.

    Salud

    1. Habría que dejar bien claro a quienes aspiran a ocupar cuotas de poder que hay una población deseosa de tener unos dirigentes dignos y que no está dispuesta a proclamar un indolente “tenemos lo que nos merecemos” y no hacer absolutamente nada por merecer un trato preferente a los menos favorecidos, una democracia real y una justicia justa.

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