Demasiadas palabras

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Podemos, el tropiezo y la piedra

Hasta la aparición de Podemos, lo teníamos claro. Cuando alguien afirmaba que no era de izquierdas ni de derechas, no había dudas; nuestro interlocutor era de derechas. Ahora todo se complica. Si al plantear el dilema, se recurre al circunloquio para delimitar los conceptos antes de responder, estamos delante de alguien que, en su día, no dudaba en definirse de izquierda.

Antes de la Revolución francesa no se trataba de derecha e izquierda sino de arriba y abajo. Arriba Dios, el rey, la nobleza y el clero; abajo, los súbditos. Los revolucionarios franceses cambiaron lo vertical por lo horizontal. Arriba se convirtió en derecha, abajo en izquierda —simple ubicación en la Asamblea Legislativa—. Así, la derecha era religiosa, monárquica y contaba con el favor la nobleza; la izquierda era republicana, laica, partidaria del sufragio universal y apoyada por las clases populares.

Podemos rechaza la disyuntiva izquierda derecha para regresar al arriba y abajo, acaso porque el concepto de izquierda y derecha no es el que era. Dicen que la realidad ya no responde a ese etiquetaje, que la dicotomía se entiende superada. Si Marx nunca dijo ser de izquierda, ¿dónde está el problema?

Aunque las ideologías cada vez se muestran más difusas —siempre han sido formas de ver el mundo y afrontar sus problemas— aún conservan cierta entidad por mucho interés que haya en cantarle un réquiem. Más allá de la nostalgia, hay diferencias. La izquierda rechaza la caridad en nombre de la solidaridad y la justicia social, la derecha apela a la caridad y compasión como paliativo de las injusticias que provocan sus políticas. La izquierda defiende la igualdad, las políticas públicas y la protección de los más desfavorecidos; la derecha opta por la libertad de iniciativa, el elitismo y el éxito individual. En teoría, el objetivo del neoliberalismo es conseguir que cada individuo sea empresario de sí mismo para que, si fracasa, asuma el fracaso como propio y no cuestione al sistema.

Me declaro de izquierdas; pero, quizá porque lo fui hace un tiempo, ahora no soy devoto de ninguna cofradía. Aún así, conforme pasan los días, me siento más sorprendido. No considero la Transición como una traición y derrota de la izquierda. Ni fue tan modélica ni tan funesta como nos la presentan ahora. Habría que recordar el permanente ruido y hedor que llegaba desde los cuarteles de la derecha más intransigente, reaccionaria y justiciera. Una cosa es no compartir el ensalzamiento bobalicón de un tránsito a la democracia ya superado y cosa bien distinta es no valorar la sustitución de aquel régimen depredador del franquismo por un sistema democrático por muy deficiente que fuera y sea. Tan absurdo resulta el elogio encendido de aquel periodo como el desprecio más absoluto del mismo. Cuando oigo ensalzar al pueblo como único protagonista de aquellas fechas, recuerdo la imagen del dictador sedado y entubado en la cama de un hospital. Cuando algunos reivindican el 2 de mayo de 1808 como símbolo de futuro, dignidad y valor, recuerdo que el nacionalismo español más rancio siempre ha enarbolado aquella fecha.

Más que de abajo me declaro de izquierdas, valoro la Transición como un paso hacia esta democracia imperfecta, me provoca arcadas la reivindicación patriotera y considero inapropiada la respuesta ofrecida a los artificios fiscales de uno de los líderes de Podemos. Está claro, hay cosas que no me gustan de Podemos como hay cosas que desapruebo del PSOE o IU. No, aunque tenga mi voto, yo no soy de Podemos. Fui del PSOE pero me cansé de comulgar con ruedas de molino y otras hostias; me cansé de mirar para otro lado, de cerrar fila y justificar lo injustificable. Prefiero la reflexión, aunque sea equivocada, y escribir que no me gusta la centralidad del tablero por muchos votos que allí se concentren. Percibo que Podemos inicia el mismo camino del PSOE; abandonar su espacio ideológico para confluir en el centro. Se puede repetir la misma situación, alcanzar el poder a costa de abandonar principios y fomentar desafectos. Es lo de siempre; el hombre que tropieza dos veces en la misma piedra.

Es lunes, escucho a Mary Stallings:

Ni izquierdas, ni derechas, La mafia que nos gobierna, Podemos. A vueltas con los conflictos, ¿La generación perdida?, PODEMOS y el deseo de cambio, El reto es mucho más importante que los nombres, PODEMOS no CAGARLA, Arrasar con todo, #GOLPE DE #EFECTO, Monedero no debe dimitir, Ahora que de verdad te necesito. ¿Dónde estás IU?Ideólogos de cartón piedra, Trébol de vanidades, El curioso caso de Alberto Garzón, El silencio de los poderosos, Aquí también PODEMOS.

http://wp.me/p38xYa-14H

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9 comentarios

  1. amigo mío, a mí la música que me ha gustado es la de tu discurso; obviamente no podemos estar en todo acordes; pero sí en mucho. Concordamos en que la muerte de las ideologías es la ideología de la derecha: neoliberalismo y conservadurismo, poco más. Fukuyama ya yace en el camposanto de las risas y del ridículo: no es el capitalismo el mejor de los mundos posibles: esa es la versión del capitalismo ¡y por si fuera poco, la historia ni ha terminado, ni piensa hacerlo! En cuanto a la tarnsición -que veo que recuerdas tanto como yo- es cierto que acojonaba el ruido de sables y que bajo ese chantaje muchos tragaron sapos. Peron no creo yo que el Psoe estuviera entre ellos: no, el de Felipe y Arfonso, No, ni mucho menos. El desmontaje de cualquier rupturismo tuvo padrinos, oligarcas internos y geoestrategas de EEUU y demás de la NATO. (Carrillo metió la pata: y es que era otro gran vanidoso…). Así que, aunque muchos firmaron con los descendientes del franquismo para que todo siguiera bien atado, no fueron todos: aunque en los medios pareciera que lo fueses: el marketing político a la americana aterrizó antes de que expirase el general. La máquina de la Sucesión trabajó impecablemente: ¡todavía tenemos Jefatura del Estado como la diseñó el tirano y en la familia que el tirano designó!
    Desde entonces, sigo pensando que lo peor que le ha sucedido a la izquierda española no fue la UCD, ni AP ni el PP, ni sus secuaces las derechonas nacionalistas de CiU y del PNV… fue el PSOE. La herramienta perfecta para desmontar a un pueblo que era de izquierdas (acojonadas, la mayoría, si hablamos como ciudadanos, eso es cierto). Pero sí, me gusta tu música, seguramente, porque está cargada de sentido común y de buena memoria… aunque no coincidamos en recordar exactamente lo mismo. Eso es lo natural. Un saludo. josep turu.

    • jcromero dice:

      Josep, compartimos algo tan significativo como que el neoliberalismo aspira a diseñar un hombre sin ideología, sin conciencia del mundo en el que vive. Se trata de desdibujar al ciudadano, al hombre político (en el sentido clásico del término), para sustituirlo por un hombre nuevo, individualista y ensimismado en su propio ser sin compromoterse con su realidad social ni desear cambiar el sistema. En cuanto al papel de la Transición, me reitero en lo expuesto en el post y sobre el PSOE, teniendo razón en algunos aspectos de la crítica que haces, no comparto la crítica total y absoluta a su paso por los sucesivos gobiernos o a su rol en el periodo de la Transición. Un saludo y placer que comentes.

  2. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Hasta la aparición de Podemos, lo teníamos claro. Cuando alguien afirmaba que no era de izquierdas ni de derechas, no había dudas; nuestro interlocutor era de derechas. Ahora todo se complica. Si al plantear el dilema, se …

  3. Charlipap dice:

    Es lo que pasa cuando el objetivo es el poder, y no el servicio público.
    Alabo tu sinceridad; y tu música, la de hoy es preciosa.
    Un abrazo.

  4. No es momento de ambigüedades, porque por querer pescar en todas partes, se van a dejar muchos peces por el camino, y hablando de pescar, por ahí asoma un nuevo invitado, Ciudadanos, que aprende rápido a moverse por las aguas desideologizadas. Saludos.

    • jcromero dice:

      Hablando de pesca, Benjamín, llega a estas tierras el ciudadano Rivera con la intención de enseñarnos a pescar. No es nuevo, la derecha siempre piensa que aquí en Andalucía somos unos vagos que sólo sabemos vivir del subsidio, dormir la siesta y no dar un palo al agua. La derecha más rancia y la derecha moderna recurren a los viejos tópicos de siempre, lo que dice mucho de su desconocimiento.
      Para esa derecha, aquí somos unos subsidiados improductivos mantenidos por señores que sudan mucho allá en otros territorios. ¿Ignoran que los sectores más subvencionados, automoción y minería por ejemplo, carece de relevancia en Andalucía? Y si hablamos de dinero público, ¿hablamos de la banca?

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