Demasiadas palabras

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Populismo y Podemos

El término no es nuevo pero, por alguna razón, se resiste a ser incluido en el Diccionario de la lengua española. La aparición de Podemos ha hecho muy popular un vocablo que ahora florece en la boca de fingidos defensores de las esencias democráticas. Lo utilizan especialmente para arremeter contra una opción que amenaza con provocar un profundo cambio en la respuesta electoral de una ciudadanía atenazada entre la crisis y la corrupción.

Se trata de un término que se usa para definir realidades muy diferentes y para referirse a situaciones contrarias a las definidas en los diccionarios que sí lo reconocen. Pero, ¿qué es el populismo? Para conocer el significado de una palabra, su origen y acepciones, se suele recurrir a los diccionarios. El María Moliner no lo recoge. Tampoco lo hace el Diccionario académico aunque sí el Diccionario del Estudiante de la misma RAE, editado en 2005, que lo define como la «tendencia a defender los intereses del pueblo o la clase social más baja». El Diccionario del Español Actual de Manuel Seco lo registra en los siguientes términos: «Tendencia a prestar especial atención al pueblo y a cuanto se refiera a él». Personajes como la trapacista Esperanza Aguirre o, un cada vez más desfigurado, Felipe González, que no son diccionarios, pero van por el mundo dando lecciones de arrogancia y suficiencia, lo usan para el desprecio y la descalificación de Podemos.

Por lo que se puede leer en los diccionarios que incluyen este vocablo, cabría preguntarse por el matiz despectivo que muchos enfatizan y todos captamos. ¿Por qué una palabra que alude a la defensa de los intereses del pueblo suena a insulto? ¿No debiera ser un término elogioso? Diccionarios y semántica aparte, si por populismo se entiende decir al pueblo lo que quiere escuchar aunque sin intención de cumplir lo dicho, ¿por qué no llamarlo demagogia o engaño?

Daniel Innerarity, que es alguien a quien leo con interés, escribía recientemente: «Los gobernantes se enfrentan con frecuencia al dilema de hacer lo que los ciudadanos esperan de sus gobiernos o lo que están obligados a hacer». Ese no debiera ser el dilema en un sistema democrático decente. Cuando el ciudadano espera una conducta determinada de sus «representantes» es porque previamente se ha abonado esa esperanza. Si no se mintiese, si no se usara la demagogia ni el engaño como recolector de votos, los ciudadanos no esperarían imposibles, no se sentirían defraudados. La cuestión es no engañar, pero ¿se pueden ganar unas elecciones recordando la realidad y las medidas que deben adoptarse para revertir una situación tan injusta y detestable como la actual? ¿Se pueden ganar elecciones enfrentado a los ciudadanos con la realidad y advirtiéndoles de los contratiempos a los que, una vez más, tendrán que hacer frente? La respuestas no están en los partidos políticos ni en los medios de comunicación. La respuesta está en el propio electorado.

No parece inteligente continuar apoyando opciones que no antepondrán los intereses de los ciudadanos a los de las élites, como no es aceptable que entre el engaño y la persuasión, quienes aspiran a convertirse en representantes, opten por el fraude. Tampoco es comprensible la desidia ciudadana ante tanto miserable. La palabra populismo se ha investido de un matiz peyorativo que probablemente no tenía en su origen. Cuando la vuelva a escuchar, en boca o escritos de esos ilustres demagogos, más que preguntar por su significado será cosa de prestar atención a quién la usa, a sus intenciones e intereses.

Es lunes, escucho Ezra Weiss Sextet.

El populismo necesarioDemasiadas definiciones para un mismo términoNi consejo por sorteo, ni trina trinidad. Sólo con Pablo Iglesias PodemosPodemos: Populismo o campaña en contra, PopulismoPodemos, luces y sombras,  Podemos. ¿Por qué le tachan de populismo?,  La palabra de moda, ¿Qué es el populismo?, La intolerancia de Podemos a la crítica, Podemos: notables al borde de un ataque de nervios, Amañando la actualidad, 8 claves para entender el efecto Podemos, ¿Qué es realmente el populismo?,  Populismo mediterráneo, ¿una alternativa?

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11 comentarios

  1. Junio dice:

    La primera vez que yo escuché la palabra fue en Bolivia de boca de un italiano. Estaba en un diminuto pueblo de los alrededores del lago Titicaca, pobre, con pocos recursos y con una calidad de vida bastante cuestionable. Allí resulta que acababan de construir un campo de futbol en el que se leía en letras enormes: “Gracias a EVO MORALES”. Qué decir que no había agua potable ni escuelas ni ninguna inversión que llevara a cambios a largo plazo. Eso sí, ahí estaba el campo de fútbol, como un gran coloso. “EVO es un populista”, me dijo. “Y esto no es lo único. Suelen venir con furgonetas para comprar votos por algunos euros. Es una vergüenza”.
    Supongo que es lo mismo que ha ocurrido con la palabra Hipster tan de moda últimamente en sentido peyorativo, cuando casi era una palabra de orgullo allá por los años 40.

    Las palabras parece que adquieren el significado que les da su época.

    Tienes un blog muy interesante, por cierto.

    Saludos.

  2. […] se han suscrito al vocablo, poco saben sobre su verdadero significado, como muy bien podemos leer aquí. La desfachatez de los que atribuyen a Podemos un populismo peligroso resulta sonrojante, y más si […]

  3. Mi memoria (no muy fiable) me dice que el matiz negativo de la palabra populismo tiene su origen en la urticaria que el éxito en varios países latinoamericanos de los partidos de izquierda no sometidos a lo políticamente correcto desde una óptica europea provoca a este lado del charco. Que desde la política se consiguiera mejorar las condiciones de la población más desfavorecida sin someterse a la tiranía de los oligopolios fue identificado automáticamente como una amenaza terrible y antidemocrática que había que evitar a toda costa. Así hemos llegado a la situación de que gobiernos elegidos democráticamente son considerados dictaduras y despreciados por ser “populistas”. La perversión del lenguaje… y de las ideas.
    Saludos.

  4. grojol dice:

    Las palabras son las primeras en ser “utilizadas” interesadamente por quienes defienden lo suyo, es decir, el poder que les asegura sus privilegios. Los hechos no engañan y ahí están.
    Otra cosa es la respuesta ciudadana. Eso es más preocupante que las palabras.
    ¿Nos vamos a conformar, en serio, con elegir… teniendo en cuenta palabras? ¿O vamos a participar… con algo más que un voto… de confianza?
    No veo signos que indiquen que vayamos a coger el toro por los cuernos. Quizá nos juguemos todo a una carta, pero sin implicarnos… y así no podremos…
    Sería el mismo ¡que inventen otros! de no hace tanto tiempo. Pronto lo lamentaríamos si ahora elegiésemos de nuevo ¡que lo hagan otros!
    Salud

  5. icástico dice:

    Curioso, los más prestigiosos diccionarios nacionales no recogen el término pero todos los que temen a Podemos saben perfectamente lo que es, por lo visto, y se les llena la boca enmarcando a esa formación con este término. Será que a ellos les funcionó para alcanzar el poder, pero ahora que empieza a esfumársele, el populismo es horrible. Decir la verdad también.

    • Juan dice:

      Pues sí, en el concepto que de populismo tienen, son unos auténticos expertos. Es cierto que temen a Podemos pero sobre todo temen el que los electores puedan dar un paso adelante y no acepten más sus mentiras y falsas promesas.

  6. Verbarte dice:

    Hay bocas que embellecen lo que tocan, como las de poetas o bardos, y hay bocas que empozoñan, como las de serpientes y las de eso que ahora se llama casta. Por la boca muere el pez, el besugo y la besuga.

    Salud

    • Juan dice:

      Hay bocas que gustan decir lo contrario de lo que hacen hacen. Acabo de escuchar a Esperanza Aguirre que no quiere eludir sus responsabilidades en el nombramiento de Francisco Granados como consejero de Justicia. Sin embargo, para ella, asumir responsabilidades consiste en dar una rueda de prensa. Considerando el concepto de populismo que tiene esta señora, me pregunto si ella calificaría su rueda de prensa como un acto populista.

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