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¿De quién es la política?

Unos piensan que le pertenece, a otros les resulta ajena. ¿De quién es la política? Esta es la cuestión, saber de quién es la política, quién la dirige; por qué de la arrogancia de unos y la indiferencia de otros. Cabrían muchas respuestas pero diría que no es de esos que andan demasiado ocupados con lo suyo como para preocuparse de las necesidades de tanta gente. Cuando escribo política, escribo democracia; en este caso es igual. Quisiera reivindicar la política como el primero de los servicios públicos y erradicar ese politiqueo zafio que no deja de ser un ejercicio de esgrima soez y pendenciero, capaz de anunciar todas las soluciones y sólo ofrecer un muestrario cansino de incompetencias, corruptelas y sectarismo.

Si la democracia se limitara al acto de votar, consistiría en inducir, con razones, para que los electores eligiesen una determinada opción. Aún así, estaría sometida al riesgo de sustituir el acto de persuasión por la demagogia, la promesa hueca o el engaño. Pero la política, la democracia, implica ciudadanía. No hay democracia sin ciudadanía. No hay democracia si el ciudadano no se implica. Los políticos se nos ofrecen como un desastre continuo pero, nosotros los ciudadanos, ¿hacemos frente a esos estafadores que parlotean en nombre de la democracia? ¿De quién es la democracia, de los políticos o de los ciudadanos? Nos han inculcado que la democracia es un sistema en el que la soberanía reside en el pueblo. pero, ¿estamos los ciudadanos dispuestos a ejercer esa posición de dominio en el sistema?

Alguien, con lucidez, tendría que explicar cómo es posible que unas instituciones democráticas consideren un riesgo consultar a la ciudadanía. ¿Hemos tomado conciencia de nuestro papel como ciudadanos? ¿Cómo explicamos la no exigencia de nuestros derechos? ¿Por qué no reclamamos un mínimo de capacidad y honestidad, un poco de honradez y decencia democrática en quienes dicen representarnos? Tendemos a simplificar a los políticos como una casta, perdonen si escribí casta, pero me niego a no poder conjugar el verbo poder en primera persona del plural ni a definir a cierto sector de embaucadores con tan atinada concreción. Pues eso, que simplificamos cuando consideramos que todos los políticos forman parte de una élite perversa y corrupta frente a nosotros que somos honestos, decentes y muy dignos. Un diván, por favor.

Somos demócratas por delegación. Resulta más confortable depositar la responsabilidad en otros. Así, si algún día nos corroe la frustración, tenemos a quien responsabilizar de nuestra zozobra. ¿Somos conscientes de los riesgos de renunciar a ejercer la ciudadanía? Pensar es una capacidad humana, nos abre la posibilidad de ser, de cambiar, de interpretar nuestro propio papel, papel que si no lo activamos será ejercido por otros y esos otros decidirán, están decidiendo, por nosotros.

Disquisiciones veraniegas, El golpe, Profundizar en la democracia, La soberanía nacional ¿es de algún partido?, Cuando la angustia tiene forma de zapato, Rajoy, dispuesto a utilizar su mayoría absoluta para dar el pucherazo electoral, pide a quien no se sume que se calle,

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4 comentarios

  1. Gerión dice:

    No es a quién pertenece sino a quien va dirigida, los receptores son lo importante, por que son quienes la sufren o disfrutan. Alguien ha de encaminarla y dirigirla a los que la viven.
    http://lastermitasdelcielo.wordpress.com/2014/09/01/putin-ano-cero/

    • jcromero dice:

      La política nos pertenece a nosotros los ciudadanos. El problema está en que elegimos a unos representantes que consideran que les pertenece a ellos y a los grupos de presión que controlan el poder. Si asumiéramos que la democracia es nuestra no toleraríamos ni tanta incompetencia ni tanto engaño. Ya nos cuidaríamos mucho de elegir a quienes mejor pudieran defender nuestros intereses. Ocurre que aún hay ciudadanos que consideran que la política es cosa de los políticos sin percatarse que muchas de nuestras actividades cotidianas están sometidas a las decisiones de los políticas.
      No veo otra forma de revertir esta situación que convenciendo a la ciudadanía de algo tan elemental como esto: la política, la democracia, nos pertenece. Nosotros no somos simples receptores. La democracia no es una gracia otorgada, algo ajeno que queda a la voluntad o al buen hacer de quienes la dirigen. Saludos.

      • Gerión dice:

        Estoy de acuerdo, pero ser receptor, no es una gracia otorgada venida del cielo. La democracia ahora, es una especulación de la conciencia. La debería hacer el pueblo para el pueblo, pero todo esto son conceptos muy livianos que se los lleva el viento o lo cazan en el aire los mismos pájaros de siempre.

        • Juan dice:

          “Cuando los jóvenes descubrieron que tenían voz, enmudecieron los políticos” (El Roto, 2/09/2014). Se trata de eso de dar voz, movilizar a todos los integrantes de la sociedad. Excluir la pasividad y la marginación consiguiendo que los ciudadanos tengamos no sólo voto, sino voz y participación real. Interiorizando que la democracia nos pertenece, que es nuestra mejor defensa y defendiéndola de especuladores y malversadores. Saludos

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