Demasiadas palabras

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Podemos y el miedo

Tienen miedo. Ahora, ya no están seguros. Hay pueblo. Hay ciudadanos. Aunque los motivos de la última consulta fueran otros, las urnas han hablado y ellos, tienen miedo. Puede que se trate de una eclosión efímera pero, también pudiera ser el comienzo de un nuevo tiempo. Si el 25M, aprovechando la circunscripción única y la poca participación, queda en el sueño de un día de primavera o en el germen de algo novedoso, el tiempo lo dirá. De momento, mientras que algunos recobramos la ilusión y la esperanza, ellos tienen miedo.

Desde el 25 de mayo, se vislumbra un panorama político diferente. Hasta entonces, había una estructura de apariencia sólida y controlada: puede que ahora se haya resquebrajado. La democracia necesita de opciones alternativas y ciudadanos comprometidos. Si falla el binomio, se desmorona el andamiaje por muy sólido que sea. Tienen miedo porque ahora hay una alternativa real y diferente: un grupo de ciudadanos predispuestos a abandonar su periodo de hibernación.

No se explican que un grupo surgido de asambleas, pueda recibir tanto apoyo electoral. No se explican que una formación política sin recursos económicos haya saltado al terreno de juego de esta democracia financiada. Asustados, achacan los resultados de Podemos a la televisión. Es cierto que su líder aparece con frecuencia y que no elude responder a cualquier pregunta en cualquier medio. Aún así, reducir el éxito de Podemos a la televisión es absurdo. Si así fuera, el PP se equivocó de candidato: Marhuenda habría arrasado. En todo caso, comparen la actitud del candidato de Podemos con la del más votado que, entre otras cuestiones, evitó las entrevistas más comprometidas, canceló algunas programadas y pactó un debate tasado al milímetro. Comparen la predisposición de Pablo Iglesias, con las excusas de otros para no dar la cara, escurrir el susto o «ya tal» como respuesta.

Tienen miedo. Acostumbrados a controlarlo todo, aparece un grupo que ellos ninguneaban por perroflautas y arranca más votos de lo que ellos podrían imaginar. Es cierto, sin la crisis actual es difícil entender el fenómeno Podemos; sin la miopía de los partidos y coaliciones tradicionales, tampoco. Un ciudadano cualquiera, cuando aparece un político en tv nunca piensa que quien habla es su representante. El ciudadano, escucha un mensaje repleto de simplezas y palabras del argumentario del día. No se reconoce en esa verborrea hueca, desconecta: no le interesa.

Tienen miedo. Como tienen todos los medios y cuentan con grandes personalidades del establishment, lanzan una operación de acoso contra Podemos, su líder y contra quienes le hemos votado. Entre insultos y desprecios aluden al programa. Error. Hace falta más imaginación y coherencia. El PP ha demostrado la utilidad de los programas electorales. Cuando el 15M, lo más rancio de la política y la prensa pedía que, si tan indignados estaban, formasen un partido y se presentasen a las elecciones. Ahora, cuando lo han hecho, resulta que son unos antisistema, frikis o peligrosos bolivarianos. El millón de personas que le han votado; simple gentuza.

Soy gentuza, formo parte de esa gentuza que ha votado Podemos. Un voto escéptico; no quiero más decepciones. El entusiasmo de ahora recuerda al del 82. En la ropa informal de Pablo Iglesias, veo a los descamisados de Alfonso Guerra y en su coleta, la melena de Felipe González. No quiero otro «no nos falles» y luego ver el rostro de Zapatero. Soy escéptico pero, no tengo miedo; ellos sí.

¿Qué quienes son ellos? Si necesitas respuestas, será que no supe escribir lo que deseaba.

Es lunes, escucho a Frank Harrison Trio:

En otros blogs: La democracia y Podemos: un dilema entre la representación y la participación directa, Con el culo al aire, Podemos, La libertad, la política y Podemos, Podemos ser muy inteligentes, Podemos en el New York Times, El poder del pelo, Pablo Iglesias o la política exprés,

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4 comentarios

  1. grojol dice:

    El miedo de ellos seguirá creciendo si constatan que crece la voluntad del personal por conseguir una Democracia decente, si observan que la participación en asuntos de la cosa pública interesa cada día a más gente de a pie y que ya no viven con aquello de que “la alegría no dura mucho en la casa del pobre”.
    ¡Que dure la alegría!

  2. 7 dice:

    Reblogueó esto en Raciozinando.

  3. Verbarte dice:

    Tenemos ilusión, tenemos ganas, tenemos dignidad, pero tengamos cautela, recelemos, casi que recemos. No se debe olvidar que España es un país que arrastra ya 75 años continuados con un militar como jefe de estado que ni ha sido elegido ni lo quiere ser por el pueblo en elecciones libres y democráticas.

    Su miedo, a mí, me da miedo. Comenzaron criminalizando a la sociedad contestataria y ya hay parte de esa sociedad ocupando celdas en el sistema penitenciario del estado y marcada con una estrella amarilla en la manga de su certificado penal. Me da miedo que, en 2014, haya de nuevo presos políticos y que el Jefe del Estado acuda a ofrecer al pueblo su herencia a un lugar donde luchan a muerte animales y estrafalarios gladiadores con la sangre como trofeo. Y que parte del pueblo lo vitoree horas antes de cambiar el escenario de la arena por otro de uniformes militares.

    Aún así, mi conciencia me obliga a seguir adelante, a mantener firmes las ideas que he adoptado libremente y por las que llevo luchando casi toda mi vida. Otra cosa sería peor que la muerte. Adelante, que podemos.

    Salud

    • jcromeroJuan dice:

      Una democracia es menos democracia cuando teme a sus ciudadanos; cuando decide que, aunque la soberanía resida en el pueblo, es mejor no consultarles. Lo del “todo para el pueblo pero sin el pueblo” que algunos sitúan en siglos pasados.

      El nuevo rey tendrá que buscarse un acto “heroico”, como hizo su padre con el 23-F. Al hijo no le faltarán medios que glorifiquen ese momento. Someter a la decisión del pueblo, la continuidad de la monarquía, sería su particular 23-F. No lo hará.

      Podemos ha devuelto cierta alegría a muchos votantes. Después de pensármelo mucho opté por esta formación; lo hice sin gran entusiasmo. La noche del recuento fue muy gratificante y al día siguiente, en el trabajo, muchos lamentaron no haber votado por Podemos.

      Ahora vendrán las zancadillas, el arrinconamiento sutil y el desprecio. No será fácil sobrevivir a las acometidas de la carcunda de distintos pelajes.

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