Demasiadas palabras

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La mentira y el engaño

No resulta fácil medir la dosis adecuada de crítica de cada escrito; en ocasiones, hay demasiada pimienta y en otras falta sal. De la misma manera tampoco es fácil calibrar lo que de proyecto personal o vocación de servicio público hay bajo cada trayectoria política. Aunque en ocasiones nos dejamos llevar por los titulares y por el vértigo de esos «tuits» que llenan las redes sociales con frases cortas para abrirse camino hacia el «trending topics», ¿aportan algo?

El político profesional parece un prototipo diseñado para: no creer en nada, en espera de desayunarse con el argumentario que le remita el partido, no hacer nada sin la aprobación del partido y no dimitir por nada. Resulta ilustrativo que un partido que tanto dice valorar la cultura del esfuerzo, que tanto ha presumido de la preparación de sus dirigentes y de su incompatibilidad con la corrupción, asista como si no pasara nada al desmoronamiento de toda esta arquitectura diseñada en sus cuarteles ideológicos.

Hasta la designación de Juan Manuel Moreno Bonilla, aquí en Andalucía, la derecha política y, con especial ahínco la mediática, ha descalificado continuamente a Susana Díaz por su origen, sus estudios y por haber trabajado únicamente en política. Desde afuera, añadían descalificativos por su forma de vestir o por su habla. Nada nuevo entre la gente de orden: todo andaluz que no vote al PP es un analfabeto, está subvencionado o come de la sopa boba; ¿recuerdan lo de voto cautivo y el «pitas, pitas, pitas»? Pues eso. Hablar con alguien próximo al PP era tener que escuchar la misma jaculatoria y, aunque el interlocutor no tuviera estudios, hablaba como si fuera licenciado y doctor en materias varias. Ahora pliegan velas; resaltan el origen humilde del designado como un valor, pasan de puntillas sobre la formación académica del susodicho y sobre su vida laboral —el que solamente haya trabajado para el partido— es presentado como garantía y prueba de fidelidad. De la cultura del esfuerzo, ni rastro.

Lo peor del designado no es nada de lo indicado. Su principal rival política comparte algunos de esos rasgos, incluido el de la designación presidencial por mucho que los socialistas recurrieran a una pantomima de primarias. Lo peor de este político es la mentira. La mentira curricular de Moreno puede ser indicio de frustración pero, sobre todo, manifiesta intención de engañar. Aparentar lo que no se es, merecería un estudio psicológico pero supone estupidez porque la realidad de los datos académicos es fácilmente comprobable. No se puede aspirar a gobernar con la mentira como carta de presentación.

Que nos mientan a diario sobre sus cuentas o sobre la última tragedia en la frontera ceutí supone una deficiencia democrática. Miente quien piensa que los demás son ignorantes. Quien considera estar ante personas solventes prefiere callar antes que mentir. El problema de Juan Manuel Moreno no es la titulación que tenga o deje de tener. Un agricultor, albañil o fontanero podría hacer un digno papel político si representa a sus votantes, ¿pero a quién representa el que miente?

A ser político no se aprende estudiando grado de Ciencias Políticas, Derecho o Economía. La formación es valor añadido, pero no garantiza nada. Ser inspector de hacienda, abogado o registrador de la propiedad no ha convertido a los últimos presidentes en mejores. El actual ministro de Educación, Cultura y Deporte, por ejemplo, habla varios idiomas y tiene un currículum espectacular; sin embargo, incapaz de entenderse con la comunidad educativa o con el mundo de la cultura, pasa por ser uno de los ministro más nefastos.

Es ridículo descalificar a este o aquel aspirante por los estudios que tenga o deje de tener. ¿Alguien sabe cuál es la preparación idónea para ejercer la política? Sería más fácil ponernos de acuerdo sobre las cualidades que debe tener todo aspirante. Y desde luego, entre ellas, no debieran figurar ni la mentira ni el engaño.

Es lunes, escucho música:

Han escrito sobre el Juan Manuel Moreno Bonilla: David López Sandoval, Alfon Mohi, Martu Garrote, María José Bayo, Qaesar, Miguel Ángel Vázquez,  Vicente García Rivas.

http://wp.me/p38xYa-F8

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4 comentarios

  1. Verbarte dice:

    Lo del PP con la mentira ha transcendido el nivel del pecado y hubiera superado el del delito si alguien hubiese tenido el acierto de incluir la mentira pública en el código penal. No sería descabellado pensar que el PP, en realidad, no miente. Y no lo hace porque esa realidad que han manufacturado para ofrecer a la ciudadanía ha acabado por hacerse realidad única incluso para su militancia.

    De tanto negar la realidad, se acaba pensando que la ficción es lo verdadero, lo tangible, y ahí están ellos y ellas intentando cristianamente sacar a los demás del engaño permanente en que vivimos. La mentira, para ellos, no está en sus argumentarios, sino en esa realidad que nos hace pensar que son corruptos, que no trabajan para el pueblo, que han destrozado lo público, que desprecian la vida o que alejan a España preocupantemente de la democracia. Ellos no mienten, es la ciudadanía la que se deja engañar por “otros”. Siguen los primeros en las encuestas y el electorado sigue a la cola de sus prioridades.

    Salud

    • Juan dice:

      Por una vez no estoy de acuerdo. Ellos mienten, supongo que no es necesario listar las numerosas veces que lo han hecho. Cosa distinta, y en eso si estoy de acuerdo, es que la ciudadanía se deje engañar o actúe como con indiferencia ante tanta mentira. Efectivamente, cuando les interesa más las estadísticas que las personas, cuando pasan por encima de todo y todos porque en un momento dado consiguieron mayoría absoluta, resulta incomprensible que los electores continúen manteniéndoles tan arriba en las encuestas.

      Salud y abolición

      • Verbarte dice:

        A veces, la ironía son palabras de doble filo.

        Claro que mienten, hasta la saciedad y la suciedad, lo que ocurre es que una vez que se han instalado en la mentira no distinguen mentira de verdad.

        Salud

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