Demasiadas palabras

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Eurovegas y el becerro de oro

Mal asunto cuando los ciudadanos importamos tan poco. La crisis nos revela la inoperancia de un sistema que, entre salir al rescate de los ciudadanos o de la banca, no duda en socorrer al sistema financiero. Puede que un día se logre el tan venerado equilibrio presupuestario, que la gran economía presente cifras espectaculares. Eso es posible pero, si no lo fuera, ya sabemos que los apologistas o «apolojetas» —con j de jeta—, de la derecha mediática, se encargarán de que así parezca. En todo caso, de qué nos sirve que el mundo financiero cante bingo y que a los ricos siempre les toque la lotería, si la ciudadanía queda al margen, empobrecida y despojada de sus derechos.

[Es lunes, suena I’m waiting for the man y escribo:]

Dice Botín que está llegando dinero para todo, lástima que no llegue a todos. ¿Alguien se encarga de que las cosas sean así? El Gobierno, incapaz de impulsar medidas que generen empleo, en nombre de un supuesto saneamiento financiero, nos endosa a todos los flecos de la escasez económica, la poda de los derechos laborales y la derogación de las medidas sociales. Mientras, regala dinero a la banca y se encomienda a Sheldon Adelson ofreciéndole una mullida alfombra para que construya la ciudad para el ocio, el juego y la diversión.

Resulta llamativo, o no, que un partido que se define democratacristiano, ensalce las excelencias de un tipo sospechoso de blanquear dinero y que hace apología del terrorismo. Hace tiempo que no leo los textos sagrados ni escucho sus homilías, pero recuerdo que la codicia y la avaricia no eran los valores que pregonaban; que el pan se ganaba con el sudor de la frente y que postrarse ante un becerro de oro no era la doctrina. ¿Coherencia? ¡Qué es eso!, responderán ufanos estos democratascristianos .

Sin entrar en cuestiones morales, el juego se vincula con el vicio. Me refiero al juego que crea dependencia y por el que se construyen ciudades, cambian leyes o se presenta como la panacea para acabar con el paro. Este tipo de juego siempre ha sido denigrado, pero encontramos vestigios suyos en todas las culturas y en todas las épocas. En España se ha jugado siempre, en todas partes y por todas las clases sociales: Alfonso X el Sabio reguló las actividades de las casas de juego mediante el Ordenamiento de las Tarfurerías; Cervantes, en Rinconete y Cortadillo, relata cómo los dos pícaros, con las cartas marcadas, ganan unos dineros y alude al juego del veintiuna que hoy se conoce como blackjackt; en el Quijote se puede leer sobre la proliferación de las casas de juego. Más tarde, durante el franquismo, hubo prohibición casi total del juego aunque se permitía oficiosamente en ciertas sociedades o círculos selectos.

Sin estar contra el juego, si soy contrario a Eurovegas y lo que representa, no desde una perspectiva moral sino por la rendición de los gobernantes actuales a su promotor y lo que significa. Cuando el desempleo está en cifras insoportables, que la gran apuesta del gobierno conservador consista en devaluar los salarios, infravalorar al trabajador y crear un gran casino, produce estupor. En vez de atraer inversores para la industrialización o fomentar la investigación, la administración apuesta por un juego en el que siempre gana la banca o la mafia. En tiempos de la burbuja inmobiliaria también se cambiaron leyes para construir en cualquier sitio y sin límite; especuladores y políticos también decían hacerlo en nombre del empleo y la creación de riqueza. Aunque las cifras del paro desmontaron aquella falsedad, una euforia absurda parece propagarse para justificar Eurovegas. Lo dicho, nos venden humo y huele que apesta por mucho que nos presenten Eurovegas como el símbolo de la prosperidad. Ahora entiendo por qué la LOMCE antepone las necesidades de los mercados a la formación integral. En el futuro, ¡todos crupieres!

http://wp.me/p38xYa-sR

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1 comentario

  1. Verbarte dice:

    Me permito aconsejar el visionado de la película “La leyenda de la ciudad sin nombre”. Eurovegas y los casinos, un vestigio secular de cómo el hombre entrega su destino a los hados a la espera de que el maná le toque individualmente y lo eleve a la categoría de semidiós.
    Al margen de su función ludópata y recaudatoria de dinero a cambio de ilusiones, los casinos han sido siempre una trinchera donde los poderes fácticos ponían sobre el tapete el destino proletario para exprimir su plusvalía. Aún quedan casinos en los pueblos donde el juego se practica moderadamente y donde siguen reuniéndose terratenientes, caciques, empresarios y banqueros para planificar su futuro a costa de los demás.
    Hay que hacer lo posible para que salte la banca sin naipes, ni ruletas, ni tragaperras. La banca debería saltar en las urnas.
    Salud

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