Demasiadas palabras

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Rajoy: Delgado, Contador y Armstrong

Como aficionado que es, Rajoy sabe que la gran prueba ciclista se disputa en julio, que el pelotón está bajo sospecha, que su equipo está siendo acusado de competir con ventaja y que él mismo comienza a sentir el aliento de quienes quieren descubrir si hubo trampa en sus victorias. Tal vez por ello fijó su comparecencia para el día l de agosto cuando muchos ciudadanos estaban regresando a sus domicilios, otros saliendo de vacaciones y el Gobierno esperando los datos del paro registrado de un mes de julio que siempre es un alivio para la estadística.

Como aficionado al ciclismo sabe que en las grandes pruebas hay etapas de media y alta montaña, etapas llanas y alguna que otra contrarreloj. También, que la victoria o la derrota no siempre está allí donde el libro de ruta marca grandes desniveles. Hay imprevistos: la aparición de la lluvia, la incidencia sobre el pelotón de un viento fuerte y lateral o el ataque sorpresivo de algún compañero de ruta. Todo aficionado sabe que en ocasiones hay que subir cuestas empinadas o lanzarse a tumba abierta, que es necesario asumir riesgos y que mal final le espera a quien siempre anda escondido y a rueda de los gregarios. Se podría hacer un paralelismo entre una gran carrera ciclista por etapas y el periodo de gobierno de nuestro presidente aficionado, pero este post recurrirá a tres ciclistas para observar ciertas analogías.

Delgado. Cuentan que Pedro Delgado aún se levanta sobresaltado por una pesadilla recurrente: llegar tarde a una contrarreloj y perder un Tour que probablemente hubiera ganado. ¿Tendrá pesadillas Rajoy por comparecer tarde, mal y a rastras para dar explicaciones en un asunto tan necesitado de aclaraciones precisas y ciertas? ¿Asumirá responsabilidades políticas por el revelador cruce de SMS con quien dicen le suministraba aditivos que le hacían competir en ventaja con respecto al resto del pelotón? Puede que no tenga pesadillas y que nunca ofrezca una explicación creíble de sus vínculos con quien dicen pasaba los estimulantes. En todo caso, las pesadillas las padecen, por ejemplo, quienes han vivido un acontecimiento traumático. A Pedro Delgado, llegar dos minutos tarde le costó un triunfo, a Rajoy llegar tarde no debe afectarle lo más mínimo cuando afirma, sin rubor alguno, que acude al Congreso el 1 de agosto por iniciativa propia. Si no dice la verdad en algo tan simple como esto, ¿esperamos que la diga en el resto? Si su comparecencia la inicia declarando solemnemente que no recurrirá al “y tú más” y a continuación retrocede hasta los años noventa para afear a Rubalcaba declaraciones de aquellos años; si  miente también en esto, ¿qué pensar del resto de sus afirmaciones?

Contador. Fue desposeído de su titulo de ganador del Tour por haber ingerido una chuleta enriquecida. Se conoce que muchos ciclistas recurren a la testosterona, anabolizantes y transfusiones sanguíneas para lograr mejores prestaciones. La chuleta adulterada del PP es su financiación ilegal. Ahora aparecen indicios y sospechas de que este partido utilizaba sustancias dopantes, en forma de dinero opaco, para competir en ventaja con el resto de contrincantes. Este dinero de color oscuro era suministrado por grandes empresas que posteriormente recibirían sus justas compensaciones. De investigarse y comprobarse esta acusación, ¿será desposeído Rajoy de la victoria electoral como lo fue Contador?

Armstrong. Se las ingenió para que, en activo, nunca se conocieran sus positivos. La primera vez adujo la aplicación de una crema, en la segunda alcanzó un acuerdo económico para silenciar los resultados de los análisis; también se sabe que supo evitar controles, usando sustancias que enmascaraban la realidad, rodeándose de expertos para dar apariencia de normalidad y legalidad a sus actuaciones antideportivas. De tal manera se las apañó que, en activo, nunca le fueron arrebatadas sus victorias pero, una vez retirado, tuvo que reconocer que corría dopado. No fue la Justicia quien descubriera el engaño del ciclista proporcionando datos concluyentes e irrefutables y sin embargo, tuvo que reconocer la verdad. Rajoy lo fía todo a la Justicia porque sabe de su lentitud desesperante y de la desidia ciudadana. Puede que Rajoy continúe acumulando victorias electorales y que, como con Armstrong, solo una vez retirado sepamos del uso de artimañas tramposas para conseguir sus metas.

Aunque sus correligionarios pudieran admitir que, en este ejercicio lúdico, Rajoy  está  más cerca de Perico Delgado que de los otros, todos los indicios apuntan a que las andanzas del presidente van mucho más allá de un simple retraso de una triste comparecencia. Por lo demás, el debate como siempre. El Parlamento es como un mal gallinero; se ven las gallinas, pero ¿dónde los huevos?

En otros blogs: (Fin de la cita), por Sergi Esteve Rico; Quousque tandem abutere, por Jaime Fernández-Paino; Rajoy, a mitad de camino del rey, por Nicolás Mengual; De César Raoyus y otras cosas más importantes, por Benjamín Recacha; Rajoy ha hablado (fin de la cita), por verbarte; El debate parlamentario en diferentes portadas, por Fernando Santiago.

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4 comentarios

  1. Muy ingeniosas las analogías, pero para mí, amante incondicional del deporte de las dos ruedas estival, este Tour carece por completo de emoción. Aquí, como dice Verbarte, el equipo de Rajoy corre dopado hasta las trancas, los jueces hacen la vista gorda, y al público no parece molestarle demasiado. Saludos. Ah, y gracias por la mención.

    • Juan dice:

      Si solo fuera el equipo de Rajoy, el problema siendo grave sería menor. La importancia del caso está en el público que asiste indiferente a un espectáculo chusco que llaman democracia. Mientras que el público se conforme con aplaudir…

  2. Verbarte dice:

    No sólo Rajoy está dopado. Todo el equipo azul participa en una carrera en la que lo extraño es conocer a alguien que sólo use las pieirnas.

    Para colmo, las reglas de la carrera están adulteradas y hay dos equipos que salen con cientos de kilómetros de ventaja.

    A cambiar de deporte se ha dicho.

    • Juan dice:

      Más que cambiar de deporte hay que cambiar las reglas de juego. Una nueva ley electoral es tan necesaria como hacer de los partidos políticos organizaciones con funcionamiento democráticos y financiación transparente. Pero lo más relevante sería la necesidad una ciudadanía más comprometida en la defensa de sus derechos y libertades. .

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