Demasiadas palabras

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Viaje al pasado

A diferencia de Marty McFly, el personaje de Regreso al futuro que interpretara Michel J. Fox, Rajoy ha emprendido un viaje al pasado que parece no tener retorno. El absolutismo, el despotismo ilustrado o la democracia censitaria, que figuran entre las páginas de la historia, adquieren nueva dimensión con este presidente. Archivar, catalogar y estudiar la historia es necesario; regresar al pasado para remediar errores y mejorar el presente, ciencia ficción; confundir el pasado con la realidad, trastorno de la personalidad. 

Hay un evidente regreso al pasado en las intenciones, declaraciones y decisiones de estos gobernantes. Lo peor, que conforme avanza la legislatura el recorrido se hace más largo y el retroceso mayor. Al principio, la ruta tenía un itinerario previsible por mucho empeño que pusieran en ocultarlo. El Gobierno inicia su periplo desmontando avances sociales y propiciando retrocesos en solidaridad, justicia, sanidad y educación. Si con el aborto retrocede hasta los primeros años de la democracia, viajes a Londres incluidos, en educación regresa al franquismo. Es solo el principio. Su viaje al pasado no se queda en los años de Zapatero para borrarlo, ni en los del dictador para rehabilitarlo; propulsado por su mayoría absoluta y una prensa que le anima a impregnarse de naftalina, decide llegar más lejos de lo programado.

Desde el Gobierno y sus alrededores han repetido mil y una vez que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y han reiterado hasta la saciedad el discurso de que ellos estaban en política por una especie de llamada interior tan auténtica que dejaban sus muy bien remuneradas actividades privadas para entregarse al servicio público. Incluso algunos, los más radicales, envueltos en la eficaz bandera de la demagogia, reactivaron la decimonónica democracia censitaria suprimiendo los sueldos a los representantes públicos y restringiendo la posibilidad de representación de la voluntad popular para la élite económica. Ahora, todo ese mensaje de hombres y mujeres con vocación de servidores públicos, se desvanece ante los indicios y sospechas de simultanear sus sueldos públicos con sobres repletos de billetes y los sms del presidente a su delincuente; ahora, la realidad confirma que no fuimos nosotros quienes vivimos por encima de nuestras posibilidades sino que ellos engañaron más de lo que sospechábamos.

Pero el retroceso continúa. El presidente del Gobierno permanece anclado en aquel paternalista lema del despotismo ilustrado de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Por ello, elogia al ciudadano que conforma una mayoría silenciosa y se resiste a dar explicaciones. Actúa como si la democracia, que adquiere su esencia en la persuasión y en la explicación de la gestión pública, no precisara de ciudadanos debidamente informados. ¿Tiene miedo el presidente? ¡Qué registren al registrador!, grita una voz a lo lejos. Malos tiempos para la transparencia y para la persuasión cuando se recurre a la lectura de un texto exculpatorio y al silencio.

La última parada del viaje retrospectivo del presidente acaba de producirse a cuentas de Bárcenas. Afirma  Rajoy que «el Estado de derecho no se somete a chantaje». ¿Acaso piensa que el Estado es él? Salvo que el presidente se haya vuelto megalómano y se crea Luis XIV, no hay chantaje al Estado sino a un presidente que, como hacían los absolutistas, se resiste a rendir cuentas ante nadie. Como dice Margallo: comparecerá cuando quiera y en la forma que crea oportuna.

Se desconoce si Rajoy es McFly y Marhuenda el excéntrico Doc,  pero los pasos que marcan conducen a Atapuerca.

http://wp.me/p38xYa-iY

En otros blogs:
Rajoy solo responde a periodistas amigos, por Ramón Lobo Rajoy y los lacasitos, por Fani Grande El silencio de Rajoy es nuestro silencio, por MarujaTorres Razones para desconfiar de Rajoy (o no, allá usted), por Fran Delgado Rajoy se cree un señor feudal, por José Arsenio Pérez El silencio “rajoyiano”, por Mónica Redondo Rajoy enamorado, por Yolanda Román El silencio, por Marta Pastor

 

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10 comentarios

  1. webitagoras dice:

    Excelente aporte. Gracias por compartir.

  2. Germán Arnaiz Parra dice:

    No vienen al caso del artículo pero si es interesante para los que escriben y comentan en este u otros bolgs http://www.abc.es/lasfirmasdeabc/20130724/abci-continente-izquierdas-201307241144.html

    • Juan dice:

      Interesante el articulo que propones escrito por Guy Sorman pero cuando el autor habla de la Red bien parece que estuviera hablando de la prensa. Observando el panorama del quiosco nacional o la TDT, ¿no parece acaso un campo de batalla partidista con aspiración de imponer su verdad a esa mayoría silenciosa tan alabada por los sectores más conservadores? ¿Acaso nuestra prensa no está más cerca del populismo y de la derecha que de otras opciones?

      El autor del articulo es francés, pero en España ¿hay algún periódico de izquierda?, ¿algún canal de televisión? Si la Red sirviera para compensar el desequilibrio, no estaría mal pero…

  3. madamebovary dice:

    Bueno, yo lo de despotismo lo veo; lo de ilustrado… Eso sí, de manipular saben un rato.

  4. ¡Eh, va, seamos optimistas! Que el ABC adelanta la mejor EPA desde que empezó la crisis, con un patriótico emoticón sonriente, bien grandote, augurando los relucientes tiempos que nos esperan. Bárcenas y los eurillos perdidos del PP son minucias comparadas con que el paro vuelve a situarse por debajo del 27%, ¡hombre ya! ¡¡¡Que viva España!!!

    • Juan dice:

      Todos estamos deseando que el paro se reduzca pero. el emoticón sonriente tendrá que esperar. Cuando las cifras oficiales del paro se reduzcan, tendremos que observar lo que hay bajo el maquillaje.

  5. Verbarte dice:

    Lo más grave de este regreso al pasado es que la ciudadanía se está viendo transportada a la época de Oliver Twist y de los Miserables. A nada que nos descuidemos podremos vivir en carnes la época medieval, si es que ya no la estamos viviendo en muchos aspectos.

    • Juan dice:

      La ciudadanía observa el panorma actual como si de una película se tratara, como si al terminar la sesión se recuperaran los derechos perdidos y los retrocesos no le afectara. Por otro lado, sería interesante estudiar la conducta electoral de los jóvenes en las próximas elecciones. Leí hace poco que en 1979 cuando se redujo la edad electoral de 21 a 18 años, “la abstención juvenil fue altísima”. Ahora, cuando le dificultan el acceso a los estudios y sus mejores perspectivas están en los aeropuertos, sería muy interesante saber como actúan.

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