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¿Síndrome de Diógenes?

Actualización: 02/07/2013

Es motivo de alarma justificada cuando la basura se amontona en las calles o edificios públicos. Sin embargo, parece no molestar esa otra basura que nos lanzan a la cara banqueros, empresarios, políticos y tertulianos. Nuestra actualidad política, informativa y social, que está repleta de porquería, ¿padece los mismos síntomas que los afectados por el mal llamado «síndrome de Diógenes»?

Mal llamado porque quienes padecen esta patología hacen todo lo contrario de lo que predicaba y hacía el filósofo griego que vivía con austeridad extrema y le sobraban los bienes materiales. Así pues, resulta paradójico asociar a Diógenes con quienes padecen el trastorno que representa la metáfora más cruda del afán acaparador de la sociedad consumista.

Podríamos hacer el ejercicio de seleccionar la basura y depositarla en sus correspondientes contenedores pero, por simplificar, nos detendremos solo en dos tipos de porquerías: la política y en determinado tipo de  periodismo.

La actual estafa política y económica ha evidenciado el desprecio del Gobierno y de sus correveidiles de tertulias y columnas de opinión, hacia quienes discrepan de las tesis gubernamentales. Ellos, aislados de la realidad, de los intereses y preocupaciones de los ciudadanos, se esfuerzan en transmitir la imagen de un país ficticio. Sólo les importa la versión en diferido que de la realidad trasladan a los ciudadanos, a quienes adjetivan con estrépito si no se adhieren a la mayoría silenciosa que fomentan. Por ello, siendo preocupante las cifras del paro, la corrupción y la jibarización de los derechos civiles, el mayor ataque a la ciudadanía consiste en la mentira constante, la ofensa permanente y en señalar, como si de apestados se tratara, a quienes discrepan.

La televisión, negocio que se financia manteniendo enganchados a los espectadores, ha descubierto en eso que llaman tertulias políticas un recurso barato que hace subir audiencia con pocos euros y mucha gresca. Como el objetivo de las mismas no es informar ni poner claridad sobre los asuntos tratados sino hacer espectáculo para entretener, convocan a un grupo de personajes del periodismo y de la política, expertos en la provocación, en repartir insultos y propagar consignas. Eso sí, tal vez para enmascarar el engendro, esporádicamente lo aderezan con algún contertulio de nivel, con serenidad para escuchar y capacidad de razonamiento. Para este espectáculo de agitación y polémica, no hay medias tintas o eres un alguien ejemplar o un villano ignorante que se deja seducir por los encantos de la demagogia.

Son muchos los aspectos y noticias que nos proporcionan datos sobre la degradación de la actividad política. Los interminables casos de corrupción, los sobresueldos ocultos y la falta de principios éticos son la moneda común. Aquí sonreímos cada vez que el Presidente elude las respuestas con chistes, desplantes o desprecios y  toleramos que los mismos que nos aplican la austeridad, en nombre de un supuesto bien común, sumen a su sueldo institucional, el del partido y el correspondiente sobresueldo. Aquí, tampoco sorprende que alguien pase de pedir justicia, exigir una investigación y señalar culpables, a taparlo todo a cambio de 80.000 euros. Aquí hay demasiada porquería.

La acumulación de basura política resulta tan insoportable que no la tapa la  corrupción financiera ni la empresarial. Hay tanta bazofia y mugre acumulada que el mal llamado «síndrome de Diógenes» ha evolucionado a epidemia con riesgo de convertirse en pandemia. En todo caso, reconozcamos que conformamos una sociedad que rinde culto a la basura: aquí tiene éxito la comida basura, el periodismo basura, la televisión basura y la política basura. Podemos culpar de esta situación al sistema, a los publicistas, a los políticos y a cuantos fantasmas queramos, pero no deberíamos olvidar que tenemos la realidad que, entre todos, hemos construido. Es seguro que hay culpables pero, ¿hay inocentes?

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6 comentarios

  1. Juan dice:

    Para madamebovary, Verbarte y Benjamín Recacha: Es una suerte para este blog contar con vuestra participación. Los comentarios son parte esencial de un blog puesto que pueden enriquecer lo publicado por el administrador del mismo.

    Hay comentarios de cortesía cómplice, comentarios que aportan valor añadido y esos otros que incordian y ofenden y que, por fortuna, de momento no aparecen por este espacio. Los tres aportáis contenidos y matices interesantes. Gracias.

  2. Excelente análisis. Poco más puedo añadir, salvo que también estoy de acuerdo con la dama del sombrero. La mierda tenemos que empezar a eliminarla en nuestro entorno inmediato, porque las dimensiones del vertedero son tan inconcebiblemente enormes que si lo observamos en su conjunto la limpieza se antoja una tarea quimérica. Saludos.

  3. Verbarte dice:

    España es un espacio donde se colocan contenedores de colores para meter las vidas usadas y los proyectos averiados, o sea: todo lo que nos rodea. A su vez, España está metida en otro contenedor que es la UE. Europa está repartida entre los contenedores de la OTAN, el FMI y algunos más. Podríamos asegurar que el mundo es una colección de contenedores con basura por dentro y por fuera. Con perdón, esto es una mierda. Como apunta Bobary, sólo nos queda armarnos de ambientadores y tratar de desinfectar, al menos, lo cercano.

  4. madamebovary dice:

    Avanzan sin encontrar demasiada resistencia hacia una degradación de diseño. Hubo ‘pan y circo’ y ‘pan y toros’; al menos había pan: hoy comida y televisión basura. Pero, como venimos haciendo, cada cual puede ser un resistente desde su parcela, aunque los bits viajen a los sótanos de los servicios secretos y nos fotografíen los drones en plena acción de protesta, emitiendo el voto o exigiendo la necesaria actualización de la izquierda. Seguir en esta red de simpatía y solidaridad es tan necesario “como el pan de cada día, como el aire que respiro…”

  5. No hay inocentes tampoco, y los sondeos y escuchar las opiniones en la calle lo confirman.
    Me ha gustado mucho tu post

    • Juan dice:

      Gracias por tu comentario y bienvenida al blog.

      Efectivamente, no hay inocentes. Todos, en alguna manera y con distintos grados de responsabilidad, sostenemos el andamiaje que mantiene en pie este sistema.

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