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La hemeroteca, a pesar de todo

Sabiendo que siempre hubo épocas de florecimiento y decadencia, de abundancia y miseria, de grandeza y mezquindad, cómo nos observarán cuando en el futuro se estudie este periodo que vivimos. ¿Cómo clasificarán una época donde conviven el abatimiento y la esperanza, la precariedad y la opulencia, los avances tecnológicos y los retrocesos sociales? Resulta difícil adivinarlo; nos falta perspectiva. En tiempos de tormentas y oscuridad es fácil confundir el camino; complicado saber si se avanza, se retrocede o si, como en un absurdo tiovivo, volvemos siempre al mismo sitio. En la oscuridad se puede vislumbrar destellos pero se necesita una luz —el punto de apoyo que reclamaba Arquímedes—, una referencia que sirva de faro y guía. La dificultad no es tanto en encontrar la información como en detectar, entre todas, la correcta.

Siendo cierto que la historia está escrita por los vencedores, lo es también que  entre los vencidos siempre hubo alguien dispuesto a proporcionar otro enfoque. Desde su aparición, el periodismo es referencia informativa y fuente documental imprescindible. Los acontecimientos que suceden hoy son la historia de mañana y, por mucho que se pretenda edulcorar, la realidad es la que es. Quien escriba la historia de la actual estafa que algunos llaman crisis, tendrá que bucear por las hemerotecas pero errará su análisis si elude el contraste y desconoce que prácticamente todo el material publicado obedece a criterios de intencionalidad política y empresarial.

La historia diaria es recogida principalmente por televisión, emisoras de radio y periódicos. ¡Lástima que  todos estos canales de información estén al servicio de la misma doctrina! El mapa político de los medios de comunicación españoles es muy elocuente. El rigor y la credibilidad, si alguna vez existieron, fueron desbancados para dejar paso a una patulea de charlatanes provocadores que vociferan, desde sus columnas  o en las tertulias, como si de una función circense se tratara. Algunos lo llaman periodismo de opinión, otros el circo de la nada, espectáculo o simple chismorreo. Las tertulias que proliferan mañana, tarde y noche por la TDT, reproducen lo peor de una polémica en la barra del bar o de la conversación en un patio de vecinos mal avenidos.

Aunque la prensa que se edita siempre se imprime con la misma tinta, al estar en manos de grandes grupos empresariales —es decir, la derecha— y del poder financiero —la derecha, también—, en su conjunto ofrecen una visión interesante. Puede que en el periodismo siempre ocurriera igual; lo importante es reconocer la situación, no tomar lo publicado como si fuera la verdad revelada y buscar noticias en internet fuera de la sombra de los grandes medios de comunicación. El quiosco actual, como sucedió en el pasado, está salpicado de un periodismo que hace de la profesión el arte de contar la realidad según intereses. No es nueva la existencia de un periodismo limitado a hacer una serie de acotaciones serviles que no van  más allá de lo que cualquiera puede escribir en un blog o comentarlo entre conocidos. En todo caso, sabiendo esto y reconociendo la valía de algunos periodistas, no es menos cierto que hay mucho de interés en lo publicado porque, pese a las servidumbres existentes, siempre hay contenidos que ayudan a conformar una idea de la situación. Por ello, pese al sesgo ideológico predominante de la prensa española, muchos políticos apostarían por cerrar las hemerotecas parar impedir que se comprobara lo que dijeron y lo que hacen, para evitar que los lectores lleguen a la conclusión de que determinados políticos mienten, tienen muy poca memoria o mucha desvergüenza.

http://wp.me/p38xYa-fI

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1 comentario

  1. Como dices, dependerá de quién esté en ese momento al mando para saber cómo se recordará este periodo. Apuesto a que si las cosas no cambian mucho (que espero que sí para no acabar de confirmar de forma irreversible que somos idiotas) ésta será una época marcada por el terrorismo social. Y no precisamente el que aplican los gobiernos neoliberales y doctrinarios (la doctrina del déficit cero) en contra de su propia población, sino el que practican los movimientos sociales sembrando el pánico entre la gente decente, aplicada y trabajadora.
    Yo me informo casi exclusivamente a través de periodistas independientes como Ramón Lobo y Rosa María Artal y medios digitales como El Plural, La Marea o eldiario.es. Reconozco que no soporto escuchar/ver/leer las memeces que vomitan los llamados medios tradicionales. Salvo honrosas excepciones, como el videoblog de Iñaki Gabilondo, los ratitos que la publicidad deja libres a Pepa Bueno y Àngels Barceló en la SER, y ese oasis en medio del desierto llamado ‘Salvados’, el panorama es desolador.

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