Demasiadas palabras

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La carcoma

Alegría. Al principio, cuando se empezó a rehabilitar los restos de aquel edificio en ruinas, todo era una fiesta. La hemeroteca y la memoria recuerdan el jolgorio cuando, por semana santa, se incorporó al proyecto una partida de madera roja y resistente que, pese a los temores de algunos (¿hay que ser más explícito?), daría solidez y lustre al conjunto. Eran días reconfortantes, desbordados por la ilusión y la esperanza.

Abandono. Ignorando que la carcoma es tan antigua como la madera, la euforia inicial se evaporó y se descuidó la atención que la empresa requería. La llegada de la gran estafa terminó por infectarlo todo y afloró una plaga de insectos que minaba bases y cimientos. Salvada buena parte de la banca, los efectos de la llamada crisis económica se cebaron no solo sobre los asalariados y sobre quienes nunca tuvieron nada; también se dejó notar sobre los hábitos de vida, los culturales y sobre aquel edificio que se resquebraja saturado de grietas, desconchones y humedades.

Podredumbre. Aquella estructura levantada con tantos esfuerzos se degradó con los vicios de origen y la falta de labores de mantenimiento. ¡Mientras el jamón siga dando lonchas…!, susurraban entre dientes los reptiles. Asolada por la crisis, la ambición de los gusanos y la voracidad de otros predadores se hizo más evidente. Banquete para insectos, en eso ha  quedado una construcción que hoy resulta poco útil, prescindible y con multitud de polillas revoloteando a su alrededor. Todo en él revela, no sólo los síntomas sino los efectos de un deterioro irreversible que presagia su caída.

Agonía. A poco que se preste algo de atención es fácil escuchar un profundo rumor de crujidos. El bien común, la honestidad y los  principios desaparecieron cuando alguien tiró de la cisterna; ahora solo queda un triste espectáculo de codicias, vanidades y disputas insulsas que a pocos interesa. Entre sus paredes ya no hay espacio para la defensa del interés general, para el debate, la transparencia y el respeto por las minorías.

Reparación. Sus partidarios expresan preocupación por quienes ostentan el monopolio de la representatividad política y se financian con fondos públicos. Aquella estructura organizativa que pretendía ser el medio para la «formación y manifestación de la voluntad popular» ya está superada para una parte de la sociedad que busca alternativas dignas, libres y participativas. Ahora las opciones están entre la voladura controlada, la rehabilitación de un edificio declarado en ruinas o el derribo completo para construir todo de nuevo.

Conclusión: La democracia o es de los ciudadanos o no es democracia.

http://wp.me/p38xYa-cy

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2 comentarios

  1. nebulosasentuiris dice:

    Realmente es un escrito elegante y sofisticado. Soy joven, así que no se si he rebañado bien el plato. De cualquier forma, enhorabuena, me ha gustado mucho el enfoque. Un saludo!

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