Demasiadas palabras

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Leer en tiempos de crisis

El azote de la crisis puede hacernos pasar de largo de las librerías en las que solíamos entrar, pero no tiene que alejarnos de la lectura. Tenemos las bibliotecas públicas que están mejor dotadas de lo suponemos quienes no las frecuentamos —¡en ocasiones gastan bien nuestro dinero!—, contamos con la lectura digital (diarios, libros electrónicos, webs, blogs…), alguna iniciativa interesante en la Red y, si nos gusta leer, es probable que conservemos algunos libros ya leídos.

Podemos recurrir a los libros para formarnos, para entretenernos o para que nos ayuden a conocer e interpretar la realidad. Hoy, cuando se ha evolucionado del manuscrito a la imprenta y de Gutenberg al formato digital, no hay excusas. Tenemos acceso on line y gratuito a libros, páginas webs y blogs de autores reconocidos como  Antonio Muñoz Molina, Daniel Innerarity, Eduardo BertiFrancisco Rodríguez CriadoJuan GelmanKepa MuruaLuis García Montero, Vicente Verdú… Y, junto a ellos, un innumerable listados de escritores de blogs que pueden resultar igualmente válidos. Hoy, con la posibilidad de descargar gratuitamente películas, música y libros, quien no lee es porque prefiere el cine o escuchar música.

Excluyendo los de consulta, afirmaría que todo libro que vale la pena leer merece una segunda lectura. Alguien pondría reparos: ¡Nos queda tanto por leer! Nadie se sorprende, sin embargo, cuando la música que nos gusta la escuchamos una y otra vez. Es cierto que hay libros que merecen el olvido pero hay otros que requieren una nueva lectura bien porque fueron leídos hace tiempo, bien porque se nos quedó algo pendiente entre sus páginas o por el simple placer de volver a leerlos.

Si hoy regresara a Charles Dickens, por ejemplo, descubriría diferencias de cuando lo abordé en mis primeras lecturas. Los recuerdos son de una literatura infantil de adultos egoístas, tacaños o depravados y huérfanos hambrientos tratando de esquivar los rigores de la necesidad, la explotación y el olvido. Si ahora volviera a Oliver Twist o David Copperfield, haría una lectura más sosegada y observaría la narración de una sociedad imperfecta, las miserias del capitalismo o la lucha del hombre por salir de la pobreza.

Releer un libro es volver a recrearlo, revivir los recuerdos que nos dejó y comprobar nuestra propia evolución personal. El libro, cualquier libro, es el mismo pero nosotros hemos cambiado. A la luz de lo vivido y leído enfocamos de manera diferente. Las notas que acotamos, los subrayados que hicimos, son testigo y prueba de nuestro cambio. El libro es el mismo, pero se nos muestra diferente; el texto es el mismo, nosotros no. En la relectura puede que descubramos elementos que nos pasaron inadvertidos, que entendamos ahora el ensamblaje de aquello que un día nos pareció caótico o le demos valor a lo que observamos superfluo y prescindible. Al releer, la lectura se hace más pausada puesto que rechazamos, por conocidos, los ardides que el autor distribuyó premeditadamente para mantener nuestra atención, la urgencia por desenmarañar la trama o la intriga por conocer el desenlace final.

En la lectura —no importa el medio o soporte—, podemos encontrar el bálsamo que necesitamos, el antídoto con el que hacer frente a las dentelladas de la realidad, la terapia para afrontar una actualidad tan deprimente o la espoleta para acabar con estos tiempos difíciles.

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5 comentarios

  1. Y ahora es cuando llego yo y digo “Eh, que he escrito una novela y me la voy a autopublicar porque no he encontrado oferta editorial interesante”… Leer es uno de los mejores placeres de que pueda disfrutar un ser humano. Cuando una lectura te engancha reniegas por tener que dejarla para comer, dormir, trabajar… Significa la posibilidad de vivir tantos mundos, tantas realidades como seamos capaces de asimilar. Es tan satisfactorio leer un texto bien escrito, o escribirlo, claro que sí. Mis novelas favoritas las he leído varias veces y, como dices, con cada nueva visita he redescubierto pequeños tesoros olvidados entre sus páginas.
    No sabría decir si se lee más o menos que años atrás ni si se trata de lectura de peor calidad. Yo siempre veo a gente leyendo en el transporte público, por ejemplo. Muchos han cambiado el viejo libro en papel (no yo) por el electrónico, cosa que tiene una buena parte positiva, porque significa que les sigue gustando leer. Mi preocupación se centra principalmente en los jóvenes. Por mi propia experiencia docente resulta descorazonador comprobar el poco aprecio que, en general, tienen hacia los libros. Los ven como algo hostil, un engorro, un marrón más que deben afrontar en su aburrido y pesado devenir escolar. Pero tranquilos, que ha llegado el señor Wert para cambiar las cosas… Quién sabe, si seguimos por el mismo camino materialista, productivo, mercantilista, quizás en un futuro no muy lejano se haga realidad el escalofriante mundo que imaginara Ray Bradbury en su excelente e inquietante ‘Farenheit 451’. Saludos.

    • Juan dice:

      Suerte con la autopublicación; supongo que nos tendrás informado en tu blog. Cabe suponer que la crisis también estará afectando al mundo editorial y que los filtros para dar oportunidades a nuevos escritores serán mucho más estrictos e interesados. Coincido en lo referente al placer de la lectura y de releer. Sobre si se lee más o menos, en el supuesto de ser menos, nos lo tendríamos que hacer mirar. Probablemente nunca como hasta ahora la posibilidad de leer haya está más próxima, nunca el número de potenciales lectores fue mayor (el analfabetismo ha desparecido) y probablemente, nunca como hasta ahora, la oferta haya sido más variada; en la librería o en la red se pueden encontrar textos de todo tipo y todas las materias. Si aún así se leyera menos, entonces es cierto que tenemos un problema bastante serio. Saludos y suerte.

  2. Verbarte dice:

    Libros libres. ¡Leed y multiplicaos!

    La indigencia intelectual es la base sobre la que se levanta la manipulación y el esclavismo. Cada vez se lee menos y peor. La industria regala el inmovilismo a través de la pasividad audiovisual. Para quienes se aventuran a caminar por el sendero de las palabras escritas, la industria también provee de báculos comerciales publicitados que adormecen el espíritu aventurero y lo encauzan por los caminos y vericuetos oficiales.

    Aún así, la gente que no encuentra aliciente en las ofertas mercantiles continúa desfilando por los pasillos de las bibliotecas o brincando por los anaqueles de las librerías. El boca a boca también funciona en estos casos y sugen pocos pero esperanzadores clubes de lectura.

    Descubrir la lectura es fundamental para que el indigente extienda su solícita mano para pedir medio pan y un libro, como dijo Lorca.

    • Juan dice:

      Tengo la impresión, no sustentada en encuestas ni estudios, de que hoy se lee más que nunca. Puede que, como indicas, se lea peor pero el texto escrito, independientemente de su formato, está más cerca del lector que nunca. Otra cosa será la calidad de lo que se lee y la calidad de la lectura. Nunca como ahora es más fácil acceder a contenidos escritos. Puede que ahora se lea más y peor: la lectura rápida se impone. Basta leer los comentarios dejados en los periódicos digitales para comprobar que muchos no leen el texto que comentan, lo mismo pasa en los blogs.
      Hoy no es necesario ir a la librería ni a la biblioteca para acceder a la lectura. Otra señal, sin valorar la calidad de la lectura, es la cantidad de libros que se editan. Si se editan y publicitan es porque hay un mercado, si hay mercado (aparte de las intenciones que señalas) es porque hay negocio. Igual se da la paradoja de que se lea más que nunca y que nunca se haya leído peor.En todo caso, como decía una profesora que tuve: “Lo importante es leer aunque sean tebeos con faltas de ortografía; si las detectáis, algo habréis aprendido”.

      • Verbarte dice:

        Se ve que manejamos impresiones distintas sin sustentar en encuestas o estudios. Sigo creyendo que se lee menos. Se han multiplicado las ediciones de títulos, pero creo que está la cifra muy sobredimensionada por los efectos de las editoriales patera (he trabajado para varias, pero esto es un tema a tratar algún día). Indudablemente hay que leer lo que sea, pero el panorama se me antoja desolador, muy desolador.

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