Demasiadas palabras

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El Gobierno y la ciudadanía

Mientras en la radio suena Sixto Rodríguez cantando «El blues de las cosas establecidas» preconizando que este sistema va a caer, el presidente “plasmado” pide a ciudadanos y políticos que denuncien los escraches. Se sabía que él prefiere la mayoría silenciosa y que no se manifiesta pero, se desconocía su apuesta por la mordaza.

¡Que se jodan!, gritó a los parados una diputada gubernamental desde el hemiciclo. Fue la señal de salida para marcar a los inconformistas. Cristina Cifuentes calificó de filoetarras a quienes luchan para detener los desahucios; ¡proetarras!, repitió la clac mediática con entusiasmo y jactancia. ¿A vosotros quién os ha elegido?, preguntó un concejal a un miembro de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Estos y otros ejemplos responden a las cosas establecidas en un guión oculto que auspicia la sumisión de la ciudadanía y el acotamiento de la prensa mínimamente crítica.

¿Quién os votó?, preguntó el político al ciudadano. ¡Ese es el problema! La ley d’Hondt es un lastre para la verdadera representación. ¡No se enteran! Piensan que la ciudadanía solo tiene las urnas para expresarse, la calle para transitar y la conciencia social para meditar a solas y en silencio. No comprenden que los cargos electos cuando se corrompen, no hacen lo prometido, no escuchan ni ofrecen soluciones a los problemas de los ciudadanos, dejan de ser sus representantes. «Este sistema va a caer pronto…», canta Sixto Rodríguez en su The Establishment Blues.

Lo escribió Margarite Yourcenar en «Memorias de Adriano»: «Razón tenía aquella querellante a quien me negué cierto día a escuchar, cuando me gritó que si no tenía tiempo para escucharla, tampoco lo tenía para gobernar». No escuchan, este es el problema. Los gobernantes se alarman pero ellos, con el BOE por bandera, señalan a parados, sanitarios, docentes, investigadores, personas dependientes, estudiantes, artistas y jubilados. Por decreto ley marcan la rebaja de las nóminas, suben los impuestos, recortan en sanidad de todos, la educación de los hijos y la dependencia de los necesitados. Desde el Consejo de Ministros coaccionan a los empleados públicos, a los desempleados, ¡a todo el mundo! Son ellos quienes intimidan y acosan a la ciudadanía. Aún así, orquestan una campaña para presentarse como víctimas. En su programa oculto el disidente es un terrorista, un destructor de la paz social y la convivencia.

Como quieren a los ciudadanos ciegos sordos y mudos, se alarman cuando una parte de la sociedad decide actuar. Se sienten en peligro cuando algunos colectivos recordaron el poder de la palabra, la posibilidad de caminar juntos, de actuar en defensa de los vecinos en dificultades. ¡Espera el Gobierno satisfacción por el aumento del paro, la subida de tasas universitarias o la rebaja en la dependencia?, ¿pretende que los ciudadanos permanezcan pasivos cuando son expulsados de sus trabajos o cuando son sacados de sus casas porque ya no pueden más con las cláusulas abusivas de sus hipotecas?

El Gobierno preferiría que solidaridad solo fuera una palabra para adornar discursos; que la pasividad fuera la respuesta a los engaños de las entidades financieras y a sus propias mentiras. Que se haya producido una violación sistemática de derechos con el desahucio de miles de familias, tiene poca importancia; que se haya actuado contra el derecho constitucional a una vivienda digna, tampoco conmueve al Gobierno. ¡Pero cuidado!, cuando un grupo de ciudadanos emprenden la denuncia contra determinadas responsables políticos frente a sus domicilios o en algún lugar público, entonces el Gobierno y sus tentáculos mediáticos,  compara al movimiento ciudadano con una banda terrorista.

Se sabe que el Gobierno prefiere la mayoría silenciosa, pero quizá sea tarde. La ciudadanía parece dispuesta a no callar y actuar pero, aunque la canción repita que el sistema va a caer, el particular blues de las cosas establecidas en nuestra democracia, recordaría las veces que el electorado avaló a los corruptos.

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2 comentarios

  1. Otro argumento básico en su manual de político caducado es el de considerar que detrás de cualquier movimiento social con cara y ojos hay un partido político que pretende erosionar al gobierno y, de paso, perjudicar a la “marca España”. No entienden nada. Saludos.

    • Efectivamente, es curioso que los políticos traten de desprestigiar cualquier movimiento aduciendo el interés político del colectivo o afirmando que hay un partido político detrás. Ellos mismos, cuando se expresan así, transmiten una imagen negativa de la política cuando debieran ser los primeros interesados en resaltar los valores y poner todo su empeño en dignificarla.

      Lo de la “marca España” es una milonga, un señuelo para acallar con las voces discrepantes bajo el pretexto de un supuesto perjuicio general. Saludos.

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